Además, proviene
de nuestro mundo inconsciente y nos ayuda a
sentirnos mejor con nosotras mismas si está
ajustada a la medida de nuestras
posibilidades y a la aceptación de nuestras
debilidades y límites.
Cuando lo que ambicionamos es bueno para
nosotras, nos sentimos bien con lo que
conseguimos porque nos hace mejores y porque
para conseguirlo hemos actuado dentro de una
ética que no ha perjudicado a otro.
Sin embargo, la ambición también puede
convertirse en nuestra enemiga, sobre todo
si intenta compensar carencias emocionales o
está asociada a ideas inconscientes que
representan algo inadmisible.
Algunas mujeres, por ejemplo, creen
inconscientemente que superar los logros de
la madre constituye un modo de atacarla.
Entonces la culpa boicotea el proyecto y no
permite a la mujer disfrutar de sus éxitos.