En la mayoría de
los casos, la mayor de las consecuencias es
la pérdida del dinero de la matrícula (de
mayor o menor cuantía) y una molestia para
el estudiante, que debe buscar una nueva
academia y pagar de nuevo la matrícula.
Pero en los últimos años, muchos centros de
estudios obligan a sus alumnos a firmar
contratos de financiación (en muchos casos
engañosos o encubiertos) anexos a las
matrículas.
Estos contratos son similares a los
préstamos personales que se utilizan para
financiar vehículos, reformas, etc.
Una vez firmado el contrato, el banco
ingresa la totalidad del coste del curso en
la cuenta del centro de estudios y el alumno
asume la responsabilidad del préstamo con la
entidad financiera y no con la academia.
¿Qué ocurre si el curso no es lo que
esperaba el alumno o la academia quiebra?
En estos casos, aunque el alumno no reciba
clases, tendrá que seguir pagando al banco
su préstamo personal,un préstamo que
obviamente tiene un interés que oscila entre
el 12 y 16 por ciento en la mayoría de los
casos.
¿Se puede reclamar?
Si, pero en caso de que la empresa se
declare en suspensión de pagos, la
posibilidad de recuperar el dinero es
bastante difícil.
Cuidado con lo que firmamos
Este tipo de prácticas no son fraudulentas
siempre que se informe de las condiciones
del préstamo al realizar la matrícula.
Aunque en los medios de comunicación
aparecen de manera esporádica, la realidad
es que se generan reclamaciones y denuncias
a las asociaciones de defensa del consumidor
continuamente.