Todas las
revoluciones, industriales para mas señas,
tienen varios rasgos en común, entre ellos,
una fuente de energía utilizada a gran
escala. Aunque algunos expertos se resistan
a considerar lo que estamos viviendo con la
llegada de Internet, progresivamente a todas
las empresas y hogares, como una revolución,
al menos hasta los más reacios, deben
aceptar que los cambios que se avecinan se
presuponen considerables.
Todos los gobiernos, acertadamente, están
impulsando medidas para conseguir que el
bien de Internet, sea accesible a todos, con
el objetivo de paliar las posibles brechas a
nivel de oportunidades, y también de
información, que podrían producirse en la
sociedad entre los que tienen acceso a
Internet, y los que no, ampliando si cabe
las diferencias entre los grupos con acceso
a la información y a la educación y los que
dicho acceso lo tienen limitado.
Resulta sorprendente por ejemplo, que
Silicon Valley, la zona de todo Estados
Unidos con mayor concentración de empresas
de tecnología, consuma más energía
eléctrica, que toda la ciudad de Chicago.
Ante estos datos, no han faltado voces, que
alertan sobre las necesidades energéticas de
las sociedades que se están gestando en
torno a Internet.
Y tampoco han faltado quien se ha apresurado
a indicar que aunque el consumo de energía
eléctrica aumente en torno al 1%, el
crecimiento de la economía mundial,
directamente o indirectamente derivado del
uso de Internet crece a tasas del 4%
aproximadamente. Claro, que tampoco se
precisa cuanto tiempo se mantendrá este
ratio favorable al crecimiento económico.
Aunque los datos son esperanzadores, esto no
tiene que suponer en ningún caso, olvidar un
problema con el que podemos encontrarnos en
el futuro.