Seguramente
vivir al día este motivado por la carestía
de los bienes, y sobre todo por el
incremento de las hipotecas, que mes a mes,
se llevan una parte importante de nuestros
sueldos. Y estos encima se mantienen, con lo
que para muchas familias, ahorrar, se
convierte en una quimera que difícilmente
pueden alcanzar.
También es cierto, que en España no existe
una cultura ahorrativa, ampliamente
extendida. Además algunos estudios recientes
desvelan, que el español esta descubriendo
la compra a plazos, que en nuestro país,
hasta ahora, no era demasiado utilizada. En
estos momentos, cualquier cosa que pueda
imaginar será suya al instante y podrá
pagarla como usted decida, ha calado en
las economías familiares, como una manera
sencilla de comprar aquellos bienes
duraderos de uso más extendido.
Pero el vivir al día, además de requerir el
ajuste de todos los meses, entre gastos e
ingresos en el seno de las economías
familiares, trae consecuencias para el
conjunto de la economía nacional.
El ahorro doméstico, es decir, la parte de
los ingresos que las familias españolas
dedican al ahorro, representa un parte, con
peso específico, en la inversión disponible
que las empresas pueden utilizar para ser
más competitivas por ejemplo, o para innovar
productos, entre otros muchos aspectos.
Aunque no únicamente, el mayor nivel de
ahorro en una economía significa, que ésta,
es menos dependiente de la inversión
extranjera. Y esto trae consigo numerosas
ventajas, para la balanza de pagos
primeramente, y también para la
competitividad antes mencionada, de nuestras
empresas.
Por eso, los datos sobre el ahorro español
son negativos, todos los extremos son igual
de contraproducentes, pero quizás si que
deberíamos plantearnos posponer algo del
consumo presente, al futuro.