La víctima suele
tener rasgos opuestos a su acosador:
Es responsable y
perfeccionista en su trabajo.
Suele estar a disposición de la empresa, lo
que apunta a una cierta forma de
dependencia.
Es escrupuloso y tiene una
marcada tendencia a sentirse culpable.
Los acosados son personas que se sacrifican
por los demás y se hacen responsables de más
cosas de las que les corresponden. Su
exagerada conciencia está ligada al miedo a
fallar.
No es raro que
el acosado tenga un sentimiento de
inferioridad que le hace ser vulnerable
ante un perverso. Posee una vitalidad que es
la que vampiriza el perverso. Ataca su parte
viva, dejándole sólo con la melancolía, que
puede provenir de un trauma infantil.