El acosador
laboral es un perverso; la víctima, alguien
que no sabe defenderse de forma adecuada. A
veces es difícil responder a este tipo de
personas, porque suelen utilizar maniobras
complicadas de desenmascarar.
El psicoterrorista rechaza la comunicación
directa con la víctima del acoso y hace
reproches hacia su carácter y críticas hacia
su trabajo a través de intermediarios.
La desacredita por la espalda, intenta
aislarla y destruir las alianzas que tenga
con otros compañeros. Trata de minar su
autoestima para después hacer que se sienta
totalmente responsable de esa situación.
La técnica que utiliza el perverso con su
víctima es siempre la misma: le conduce a
dudar de sí mismo a la mínima ocasión para
anular sus defensas.
La víctima de un acosador laboral puede
llegar a estar tan confundida que acaba
dándole la razón y le provoca sentimientos
de gran desvalorización personal.
El perverso no sólo persigue el poder, sino
la utilización del otro como si fuese una
marioneta. Coloca a su víctima en una
situación de impotencia y después la
destruye porque disfruta con ello.
Las empresas utilizan, en muchas ocasiones,
este modo perverso de actuar para librarse
de aquéllos que les resultan incómodos.
No es raro que busquen trabajadores
independientes y con capacidad de decisión a
los que, sin embargo, luego piden sumisión a
un sinfín de acciones con las que no están
de acuerdo, y siempre por el 'bien de la
empresa'. Sutil forma de chantaje, que
muchas veces funciona por miedo a perder su
puesto de trabajo.