La gripe la
salvó de tener un enfrentamiento con su
jefe, pero ahora tiene que volver. Su cuerpo
se ha puesto bien, pero su ánimo empeora.
Siente que va a la guerra más que a
trabajar. Tiene miedo de quedarse en la
calle, pero tampoco puede seguir aguantando
sus ataques.
Lucía es una creativa de publicidad que
lleva en la agencia siete meses. Desde hace
dos se limita a sobrevivir, ya que la
relación con su jefe inmediato es muy mala.
Su capacidad de decisión y autonomía no
gustan a su superior, un hombre que siempre
desacredita sus opiniones.
Hace 15 días le entregó un trabajo que había
tardado una semana en realizar. Él lo
modificó sin consultarla. Por eso, Lucía
quería hablar con él. Sabía que iba a tener
una discusión y que sus compañeros no iban a
aceptar su postura porque temen sus serias
represalias.
La enfermedad de Lucía tiene mucho que ver
con el agotamiento que le produce el acoso
del que es víctima.
Existen personas que tratan a sus empleados
como niños o como cosas: esto destruye la
estima de cualquiera y conviene reaccionar
aclarando la situación lo antes posible.
Irigoyen dice que aprovecharse de la
debilidad ajena es algo, incluso, valorado
en el mundo de los negocios y de la
política.
Menos mal que, según caminamos hacia una
sociedad más perversa, también aparecen
nuevas teorías que nos hacen comprender las
situaciones conflictivas. Las personas
acosadas hasta ahora padecían en silencio;
actualmente pueden expresar y denunciar lo
que sucede.