1.
Desaceleración:
a medida que se envejece es conveniente el
ir reduciendo la carga de trabajo y las
responsabilidades. El cansancio físico y
psíquico acumulado a lo largo de la vida
suelen demandarlo por regla general. Aunque
así no fuese y el trabajador disfrutase de
su actividad, va a resultarle más cómodo el
adaptarse a su nueva forma de vivir. De esta
manera, la entrada en su nueva etapa de la
vida será continuada y no representará un
salto brusco.
2. Planeación de la jubilación:
el planear qué tipo de vida se va a llevar y
qué objetivos se van a desarrollar aumenta
la seguridad de seguir un ritmo vital. Si se
pasa del estado de actividad que representa
un trabajo (gran estimulación) a la absoluta
inactividad del que nada tiene que hacer y
nada se plantea (muy baja estimulación), el
estado emocional puede variar por completo.
Es por ello que algunas de estas personas
pueden caer en estados apáticos e incluso
depresivos.
3. Vida de jubilado: hay que
enfrentarse a las circunstancias que entraña
el dejar de trabajar y la vida que se va a
desarrollar. Proyectarse en el futuro para
plantearse cómo será la vida en esa
situación. Si no existen proyectos de
futuro, la vida se presenta como una
continuación de momentos destinados al
aburrimiento. Esta etapa ha de plantearse
como un descanso para realizar todas
aquellas actividades que siempre se han
querido hacer pero no ha existido tiempo de
realizarlas