Pero claro,
nosotros pensamos en las consecuencias,
tanto directas como indirectas. Las
directas, como las imágenes agresivas que
suelen aparecer en muchos de estos juegos y
que tememos puedan imitar nuestros hijos; y
las indirectas, todas esas horas que le
dedican las restan de su vida social, hablar
o jugar con los amigos, practicar algún
deporte, leer, etc.
Los juegos de pantalla pueden crear adicción
en nuestros hijos, basta con ver como se
quedan absortos frente a éstos. Por norma
general, suelen ser más vulnerables aquellos
niños que tienen dificultades de relación en
su vida real.
Para que esto no ocurra, será mejor que los
padres dejen bien claro y desde el principio
las normas, ya que si se limita su uso
después de un primer período sin control,
los niños podrían pensar que se trata de un
castigo. Pero ¡cuidado al fijar los
límites!, intenta no ser excesivamente
estricta, de lo contrario, puedes fomentar
el engaño en tu hijo. Tampoco critiques sus
gustos, ni le riñas o grites por jugar
excesivamente, se trata de controlar el
tiempo destinado a dicha actividad o de
censurar el contenido de los juegos, no a
él. Es mejor explicarle y hacerle comprender
nuestros razonamientos, en lugar de
imponerlos. Así mismo, es importante hacer
ciertas concesiones, como dejarle jugar más
rato cuando sus amigos vienen a casa, en los
días fríos o lluviosos que no puede salir a
la calle, o como premio cuando haya sacado
buenas notas o haya hecho bien sus tareas.
Si transcurrido el tiempo de juego y tras
alejar los videojuegos, tu hijo se queja de
que se aburre o no sabe qué hacer, quizás
deberías preocuparte de que tenga a mano
material o actividades que le estimulen, en
lugar de quejarse de la cantidad de juguetes
que hay por toda la casa y soltar la vieja
cantaleta de "cuando yo tenía tu edad..."
Los tiempos cambian y cada niño es un mundo,
por esto, es mejor preocuparnos por cuáles
son las cosas que realmente les interesan,
quizás sería bueno anotarlo en alguna
actividad deportiva o cultural que le
interese, o que el niño disponga de libros,
puzzles u otros juegos que realmente le
atraigan. Jugar con él, llevarlo al parque o
ir de excursión, pueden ser otras
alternativas muy enriquecedoras para ambas
partes.