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Pedro tiene siete
años. Su profesora ha observado que, desde hace
unos días, el niño contrae fuertemente sus
ojitos. Esto ocurre cada vez que algo le pone
tenso, por ejemplo, cuando la maestra le
pregunta por su tarea. La madre corrobora que,
al hacer los deberes en casa, estos movimientos
aumentan; sin embargo, los fines de semana,
desaparecen. |
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Para el
diccionario de psicología, el tic es un
trastorno de la conducta motora
caracterizado por movimientos convulsivos
involuntarios. En su origen suele estar
presente un factor psíquico, y su repetición
más frecuente se produce en situaciones
emotivas o ansiosas. Desaparece durante el
sueño.
No todos se hacen crónicos
Es el médico quien debe hacer un diagnóstico
para descartar otras dolencias. No todos los
movimientos reiterados se hacen crónicos
como tics. En el proceso de desarrollo del
niño pueden aparecer estereotipias, o
repeticiones, que desaparecen con el
crecimiento.
Las más frecuentes son los movimientos de la
boca y los gestos de la cara: succión del
pulgar, balanceo del tronco, frotamiento de
los ojos y de la nariz... Cuando no
desaparecen con el desarrollo conviene que
sean tratadas psicológicamente.
Cada uno tiene su historia
Los tics en la infancia suelen surgir a los
seis años y se instalan lentamente. Aparecen
como una descarga motora que alivia una
tensión interior. Descartado el origen
orgánico, podemos suponer que la forma en
que esa tensión se manifiesta tiene relación
con la historia del sujeto y con la
situación que la desencadena. Desde esta
perspectiva, cada tic tendría una historia
singular.
Los más frecuentes son: parpadeos,
fruncimiento de cejas, rictus, movimiento de
la barbilla... También son habituales los
encogimiento de hombros, de brazos, de manos
y también los tics de tipo respiratorio
(resoplar, bostezar, sonarse, toser,
soplar....) o fonatorio (chasquear la
lengua, gruñir...).
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Lo que
debes saber
El tic expresa la facilidad
con que algunos niños manifiestan
los afectos, conflictos y tensiones
psíquicas a través del cuerpo. En un
principio, puede ser una reacción a
una situación de ansiedad (por una
enfermedad, una separación...).
Normalmente, con el tiempo se
abandona el cuerpo como primera vía
para expresar la tensión.
En niños pasivos y
especialmente sumisos, que controlan
y reprimen excesivamente su
agresividad, también suelen aparecen
tics. Otras veces se desarrollan en
chicos más mayores o en adolescentes
después de un accidente o de
intervenciones quirúrgicas.
La reacción de los padres
ante el tic puede condicionar su
evolución. Burlas, insistentes
llamadas de atención sobre el tic o
prohibiciones acrecientan la
ansiedad y refuerzan la descarga
motora.
Lo importante es descubrir el
estado psicoafectivo en el que
aparecen y se fijan los tics. En el
caso de Pedro cabe investigar por
qué asumir responsabilidades le crea
tanto temor. |
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