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¿POR QUÉ MI
HIJO NO QUIERE IR AL COLEGIO? |
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Es penoso para los
padres afrontar los llantos de sus hijos
pequeños al dejarles en el colegio. Normalmente,
los profesores cuentan que, al poco tiempo de su
partida, los niños conectan con las actividades
y les cambia el rostro lloroso del momento
anterior. |
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En general, al
cabo de unos días, el dolor de la separación
se va superando y es reemplazado por la
alegría de ir al colegio.
Pero no siempre sucede así, a veces la
escena se repite pasadas varias semanas del
inicio del curso y el niño acaba por no
querer ir. Entonces hay que preguntarse qué
está pasando.
Los propios padres pueden propiciar, sin
saberlo, el conflicto de la adaptación del
niño al ritmo escolar. Bien porque a ellos
mismos les cueste despegarse del hijo, o
porque al separarse se sienten culpables de
esas horas que 'les sirven' para librarse de
ellos.
PALABRAS TRANQUILIZADORAS
Otros padres recurren a ciertos engaños,
como decirle al niño en la puerta del
colegio: 'Ahora vuelvo', tratando de
evitarle así el sufrimiento de la
separación. Esto no hace más que estropear
las cosas, la desconfianza se instala allí
donde debería haber palabras que lo
tranquilizen. Sería mejor decirle: 'Dentro
de unas horas vendremos a recogerte'.
Los niños perciben tempranamente los estados
emocionales de los adultos; si éstos se
angustian ante las separaciones, a sus hijos
les costará aún más separarse de ellos. Hace
falta explicarles, con pocas palabras, dónde
vamos al dejarlos en el colegio, qué haremos
y que pronto volveremos a buscarles.
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La
separación
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ADAPTACIÓN
PAULATINA
Evidentemente, no es lo mismo si
se trata de un bebé que tiene
que ir a la guardería porque es
la única solución para los
padres, que de un niño que se
incorpora a la educación
prescolar. La adaptación será
distinta si se produce antes de
los tres meses, cuando la
relación con la madre es muy
intensa y conviene dejarlo pocas
horas, que si ocurre entre los
cuatro y seis meses, donde
todavía no ha aparecido la
angustia de separación. En esta
etapa, que transcurre entre los
ocho y los diez meses, la
profesora debe cumplir una
función de contención, porque
los pequeños se asustan ante lo
desconocido y les cuesta
separarse de la madre.
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DULCE DESPERTAR
Si hablamos de un niño que se
incorpora al colegio alrededor
de los dos años, su adaptación
también se verá determinada por
la etapa evolutiva que
atraviesa: enormes deseos de
autonomía que le hacen llevar
'la contraria' y, por ejemplo,
no querer ir al colegio. Debemos
ser cuidadosos a la hora de
levantarle. Si conseguimos con
ingenio y paciencia no crear
momentos de prisa y mal humor,
tolerará mejor la separación que
le aguarda cuando entre a la
escuela.
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ADOLESCENTES
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