Estos
estereotipos exponen a los jóvenes, y luego
como adultos, a la violencia, la explotación
sexual, el embarazo no deseado, abortos,
enfermedades de transmisión sexual y
disturbios mentales. Según los hallazgos
alrededor del mundo la vulnerabilidad de la
mujer frente a su posición social y
económica es en parte una amenaza grave para
su salud sexual. Por la desventaja en poder
es más probable que las mujeres intercambien
relaciones sexuales por dinero y favores o
dejen una relación violenta de abuso por
depender económica o emocionalmente de los
hombres.
De igual manera, el estereotipo de hombría
perjudica a los niños y jóvenes reprimiendo
sus emociones, recurriendo a la violencia
para solucionar conflictos, aumentando las
probabilidades de consumir drogas, ser
delincuentes y practicar condiciones
sexuales de riesgo. Un ejemplo es la prueba
de virilidad en iniciar temprano la
actividad sexual y tener varias compañeras
sexuales; situación que pone en peligro su
salud sexual. Las investigaciones
cualitativas entre muchachos de nueve países
latinoamericanos revelaron que para ellos
era menos importante los riesgos de salud
que las amenazas contra su masculinidad.
Esto puede cambiar. Estudios recientes como
los del doctor Carlos Cáceres hallaron que
los jóvenes entre 16 y 17 años presentan una
experiencia sexual donde asumen más respeto
y responsabilidad con la sexualidad.
Romper con los estereotipos sexuales es
promover un cambio de comportamiento y
actitudes a conductas sexuales saludables.
Las conductas sexuales saludables comienzan
con el respeto propio y la responsabilidad
ajena.
En la educación sexual a estos jóvenes - no
te limites a anécdotas, uso del condón y
enfermedades. Para ellos esto es muy
aburrido. Enfócate a la toma de decisiones,
aceptación de decisiones y diversidad en el
compañero, el uso de la comunicación para
resolver conflictos, y sobre todo, el
desarrollo de confianza en ellos mismo por
tener una imagen real, autentica y
transparente.