La abuela que
hablaba de sus tiempos mozos, de cómo eran
las cosas por entonces, o el abuelo que
contaba las anécdotas como si se tratara de
un cuento, despertando el asombro de sus
nietos. ¿Por qué son tan importantes los
abuelos? Porque transmiten la historia con
la serenidad que dan los años situando a los
nietos en un orden generacional.
Son los únicos que pueden hablarles de la
niñez de sus padres. Tienen la tranquilidad
y la distancia para hablar de esa época,
mostrar fotografías... Para los pequeños, si
ya tienen tres o cuatro años, es asombroso
saber que sus padres fueron niños. Esta
transmisión que diferencia las generaciones
ayuda a consolidar su identidad y su sentido
de pertenencia. Los padres, abrumados por
las exigencias cotidianas de la paternidad,
no tienen tanto tiempo para hablarles de la
historia familiar, de sus valores y sus
costumbres.
FUNCIÓN DE APOYO
Esa memoria transmitida en palabras permite
al niño situarse en el tiempo. Su abuelo fue
joven, tuvo un hijo que ahora es su padre,
luego él mismo también crecerá. Los abuelos
deben hablar con claridad: tu madre es mi
hija o tu padre es mi hijo, tú eres mi
nieto. Los pequeños entienden pronto la
relación generacional cuando se expresa
claramente con palabras. Conviene que los
abuelos sepan que su función es de apoyo de
los padres y que, aunque no tengan la
responsabilidad de la crianza del nieto,
pueden colaborar con su formación. Es
esencial que no desautorizen a los padres ni
pretendan ocupar su lugar, ya que sólo
hablaría de la falta de confianza hacia el
hijo o la hija en su desempeño como padres.
EL MEDIADOR
Uno de los papeles esenciales que los
abuelos pueden cumplir es la función de
mediación en los conflictos entre los padres
y los hijos. Es importante que suavicen
situaciones pero sin desalojar el lugar de
autoridad de los padres o intervenir a favor
del nieto, lo que crearía confusión al
pequeño.