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CUANDO LOS
HIJOS QUIEREN DORMIR CON LOS PADRES |
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Algunos padres se
preguntan si es perjudicial que los niños
duerman en su cama, cuando por diversas razones
lo hacen con frecuencia: porque el padre está de
viaje, cuando están enfermos o si tienen una
pesadilla. |
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Es conveniente
que el pequeño tenga desde el primer momento
un cuarto propio, aunque la edad adecuada
para que duerma solo sea alrededor de los
seis meses.
A veces el niño ya duerme en su habitación,
pero los padres lo llevan a su cama debido a
su propia dificultad de separarse de él o de
poner un límite a tiempo. Se justifican
explicando que está nervioso o que ha tenido
un mal día, ellos están cansados y quieren
evitar tener que levantarse para
tranquilizarlo.
Es necesario saber que esta solución
circunstancial es, en sí misma, peligrosa al
propiciar hábitos difíciles de modificar.
Dormir con los padres resulta atractivo para
los niños, porque ellos desean el contacto
corporal y alientan la intención
inconsciente de separar a la pareja. Por
ello, es importante para su higiene mental
no contribuir a acrecentar estas fantasías
con la sobreestimulación.
LAS PESADILLAS
Como norma general, si el niño tiene una
pesadilla, lo mejor es acudir a su lado y
calmarlo allí mismo, dejando que hable de su
mal sueño y tranquilizándolo. Ofrecerle su
peluche preferido, encender una luz tenue,
dejar la puerta abierta... y devolverlo
pacientemente a su cama cuando se toma la
libertad de ir solito a la de sus padres.
Es necesario dejarle claro desde el
principio que él tiene su propia habitación,
que no es la de sus padres, y que a cada
cual le toca dormir en la suya. En los casos
en que la excepción se convierte en hábito y
el pequeño empieza a acudir cada noche a la
cama de los padres, éstos deben preguntarse
por qué lo aprueban.
Es frecuente descubrir un problema en la
pareja, por lo que, inconscientemente, el
niño puede ser utilizado para no afrontar la
intimidad sexual. Es indudable que no hay
encuentro posible para una pareja que
comparte el lecho con el hijo.
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LAS
CLAVES PARA ACTUAR
Necesidades afectivas
Las cosas se complican aún más
cuando no hay un padre en el hogar,
ya sea por separación, viudedad,
abandono. . . Si una madre comparte
el lecho con su hijo para llenar el
vacío afectivo motivado por la
ausencia de pareja, puede dañar
seriamente la evolución afectiva y
emocional del niño, impedir la
formación de su propia identidad e
incluso, obstaculizar el desarrollo
intelectual.
Al no separarse de su hijo, sin
saberlo, confunde las necesidades
afectivas del pequeño con las suyas
propias y las consecuencias sobre el
proceso de maduración psíquica e
intelectual pueden ser decisivas.
Decisión firme
Cuando los padres han consentido de
forma habitual que su hijo comparta
su cama y quieren poner fin a esta
situación, la decisión debe ser
firme y compartida, de lo contrario
el niño captará el desacuerdo y se
resistirá con todas sus fuerzas.
Tendrán que prevenirlo con algún
tiempo, no hacerlo repentinamente y
explicárselo lo mejor posible.
Rituales nocturnos
Conviene ayudarlo antes de dormir en
su cuarto: un rato de compañía, un
cuento... así como dejar la puerta
entreabierta. Si se despierta de
noche y va a la cama de los padres,
hay que tranquilizarlo y devolverlo
a su habitación con serenidad.
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