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CUANDO LOS
HIJOS PREGUNTAN: ¿DE DÓNDE VENGO? |
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Ya nadie habla de la
cigüeña ni de París para explicar de dónde
vienen los niños, pero ésta era antes la
respuesta habitual que daban los adultos a esa
pregunta. |
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Aunque, a veces,
los pequeños nos pongan en un aprieto con
sus interrogatorios, conviene pensar que es
muy importante contestarles siempre con
respeto, veracidad y naturalidad a las
cuestiones que nos plantean. Evidentemente,
las respuestas deben ser adecuadas a su edad
y con un vocabulario acorde a su capacidad
de comprensión.
En la curiosidad infantil está la base del
interés por el conocimiento de los años
posteriores. Sentirse reconocidos en su
deseo de saber les anima a hacer nuevas
consultas. Por lo tanto, en buena parte, es
responsabilidad del adulto que este deseo de
conocimiento sea estimulado o inhibido. Pero
el niño se interroga por lo que le rodea
desde mucho antes. Cuando apenas es un bebé,
descubre los objetos llevándoselos a la boca
y tocándolos después. Desarrolla toda una
actividad investigadora del entorno mediante
la manipulación de las cosas. Con el
aprendizaje del lenguaje, la curiosidad se
articula a través de las interrogaciones.
A los tres o cuatro años, que es cuando
comienzan a hacer preguntas directas, la
temática va a estar relacionada con la
sexualidad. Es en esa época cuando se
interesan por la diferencia entre los dos
sexos, de dónde vienen exactamente los niños
y cómo nacen. Sobre estas cuestiones, ellos
desarrollan sus propias teorías.
NUEVAS AVERIGUACIONES
De un modo general, se cuestionan
cronológicamente por qué los niños tienen
pene y las niñas no, por el origen de sí
mismos y por el lugar por dónde salen los
bebés (cuando ya saben que se alojan en el
vientre de la madre).
De este grupo de cuestiones fundamentales
que se plantea, la que sigue en el tiempo es
cómo se hacen los niños. Es oportuno saber
que cuanto más confianza tenga en el adulto,
más fácil le resultará formular las
preguntas.
Pero no debemos olvidar que al llegar al
colegio es importante que se sientan con
derecho a formular cualquier duda. Esto
influye muy positivamente en su aprendizaje.
Si un niño siente que no puede realizar
preguntas sobre determinados temas, puede
inhibirse intelectualmente.
Hay varios autores que coinciden en que la
represión de la curiosidad sexual, por
ejemplo, bloquea el interés por conocer y
por pensar.
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Las
respuestas
Hay formas de contestar a los niños
que no favorecen el desarrollo de su
curiosidad. Si ellos sienten que sus
preguntas nos desagradan o nos
molestan, no se atreverán a plantear
otras. Éstas, aunque resulten
sorprendentes y nos diviertan, nunca
deben ser motivo de ridiculización.
Unas palabras cálidas y
sencillas.
A la hora de responder, debemos
tener en cuenta la edad del pequeño.
No hay que dar explicaciones
complicadas ni enrevesadas. Conviene
que nuestro vocabulario sea lo más
sencillo posible y que nuestras
respuestas tengan sentido común. En
ocasiones, los padres deben aceptar,
sin enfadarse, que los niños se
interesen más por el diálogo que se
produce con el adulto, que por la
respuesta dada.
Como si de un juego se tratara.
Si la familia consigue crear un
ambiente cálido y de confianza, que
facilite la comunicación entre
padres e hijos, y los pequeños son
tratados con consideración y
respeto, podrán 'jugar a las
preguntas'. Los adultos deben
armarse de paciencia y de
comprensión para poder elaborar las
respuestas adecuadas. |
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