En primer lugar,
las madres se sienten juzgadas en su función
si sus hijos se alimentan mal. Si el bebé
recién nacido no succiona bien el pecho o si
la madre tiene poca leche, ellas se sienten
culpables y angustiadas, y suponen que algo
no hacen bien.
Las madres suelen acudir a las abuelas en
busca de consejo; ellas hablan con
normalidad desde la autoridad que les da la
experiencia y responden como si siempre
hubieran sabido qué hacer. Pero tanta
sabiduría sólo confirma el sentimiento de
incapacidad de una madre inexperta e
insegura.
Cuando el niño es muy pequeño casi no hay
separación entre lo que siente él y lo que
vive su madre. Si a la hora de comer, ella
está angustiada, él también lo estará. Los
bebés son verdaderas esponjas, expertos en
captar el clima emocional que los rodea,
sobre todo lo que no se expresa verbalmente
sino a través de gestos, miradas... No sólo
será la madre quien estará preocupada por la
comida, sino que el niño ya no comerá bien.
CLAVES PARA SABER QUÉ OCURRE
Madres
angustiadas: 'malas comedoras'
Ocurre con frecuencia que las mamás que se
angustian porque sus hijos no comen, fueron
de pequeñas 'malas comedoras'.
Inconscientemente, reproducen su propio
conflicto con la comida sin saberlo.
Respetar los
ritmos
Hay algunos problemas que podrían evitarse,
ya que se deben a la falta de comprensión de
los ritmos propios del bebé. Como dice una
famosa psicoanalista infantil, Françoise
Dolto: 'Hay niños que ya no pueden comer
porque la alimentación ha perturbado su
ritmo: les dan una cucharada y, antes de que
la hayan tragado, les dan otra. A la
tercera, guardan el alimento en la boca y ya
no tragan nada para asegurarse que no les
van a dar otra más. Las madres no caen en la
cuenta del tiempo de masticación y de reposo
necesarios entre los bocados. El niño es
lento, no va al ritmo de su madre'.
Un vínculo
afectivo
No hay que olvidar que la comida es un lugar
de intercambio, un lugar de relación. Comer
no es sólo alimentarse, es satisfacer el
apetito en el marco de una relación afectiva
entre el niño y quien le alimenta.
Cuando prefiere
caminar o hablar
Los padres deben saber que cada vez que el
niño alcanza una nueva adquisición, como la
motricidad o la palabra, pierde interés por
el alimento durante algunos días. Descubre
un nuevo placer que le ocupa por entero. Por
ello es importante que pueda disfrutar de su
nueva habilidad, y no debe interpretarse la
falta circunstancial de apetito como un
trastorno alimentario que no existe.