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¿Cómo
puedes explicar a tus hijos las tragedias?
¿Cómo puedes evitar que sufran?
Las tragedias
sacuden el psiquismo de todos nosotros y
también el de nuestros hijos, que tienen
menos recursos psicológicos para entender la
barbarie y sus efectos sobre la
colectividad. ¿Cómo puede su mente
metabolizar un impacto de esa magnitud?
¿Cómo podemos ayudarles a no sufrir? Algunos
de los síntomas que pueden padecer son
pesadillas, terrores nocturnos, miedo ante
las separaciones, confusión y falta de
concentración. Su intensidad y duración
dependerán de la evocación que el hecho haya
provocado en la mente de cada uno. Todos los
niños tienen sentimientos y deseos que ellos
mismos consideran inadmisibles, por lo que a
veces se sienten culpables.
OBSERVA SUS REACCIONES
Cuando esos síntomas persisten es porque el
suceso externo ha desencadenado otro que el
niño no ha podido resolver en su fuero
interno. Si, por el contrario, dura poco, se
trata de la respuesta saludable que necesita
para recuperarse de un trauma de este tipo.
Las pesadillas, por ejemplo, colaboran a esa
recuperación ya que, gracias a ellas, los
conflictos interiores encuentran una vía de
escape.
y elaboración que permite al niño no
guardarlos mucho tiempo dentro de sí. Por lo
tanto, en lugar de acallarlas, sería mejor
que las recordaran y las expresaran.
PRECISAN EXTERIORIZARLO
La expresión de lo que los niños sienten y
piensan es necesaria para su equilibrio
emocional, por eso tenemos que escucharlos.
Según la edad, emplearán unos medios u
otros. Los más pequeños usarán el juego y
los dibujos; con ellos tratan de entender y
dominar la realidad y nos transmiten cómo se
sienten ante lo sucedido. A partir de los
siete años, cuando comienzan a tener
conciencia de lo que es la muerte, pondrán
palabras a lo que piensan y un suceso como,
por ejemplo, el del 11-M les provocará un
gran número de preguntas sobre la muerte, la
justicia y la venganza, a las que habrá que
responder.
NECESITAN SABER LO QUE ESTÁ OCURRIENDO
Cuando hables con ellos, has de tener en
cuenta estas tres claves:
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No se les
debe dar más información de la que
pueden asumir, pero hay que responder
siempre a las preguntas que nos hagan.
-
Nunca se les
puede engañar. La mentira les hace daño
y dejarán de confiar en nosotros. Hay
que decirles aquello que sean capaces de
entender, dadas sus posibilidades, pero
siempre con veracidad.
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Al contestar
a sus preguntas, hay que procurar no
transmitirles angustia.
PROTÉGELES DE LA
TELEVISIÓN
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En estas
situaciones, no conviene que les dejes
solos frente a la pantalla. Permanece a
su lado, explícales lo que están viendo
y escucha sus impresiones.
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Evita que
contemplen demasiadas imágenes
desagradables, con muertos y heridos.
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La visión
persistente y repetitiva de esas
imágenes les puede crear ansiedad.
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Aunque están
acostumbrados a ver mucha sangre y
violencia en la tele, hay que enseñarles
que esto no es ficción. Ha sucedido en
la realidad y deben tener conciencia de
ello.
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