Como bien se
sabe ser padres no es tarea fácil, ni
muchísimo menos. Si queremos triunfar en la
difícil carrera de ser madre o padre, nos
harán falta grandes dosis de paciencia y
sobre todo mucha serenidad.
Tener serenidad
es fundamental. Podríamos definir a ésta
como a el control de nosotros mismos ante
situaciones de adversidad o frustración, y
mejor aún si es con una sonrisa en los
labios, aunque esto último puede ser
francamente difícil, especialmente en
aquellas ocasiones en que nuestros hijos
logran sacarnos literalmente de quicio. En
estos momentos seguramente que lo mejor sea
respirar bien hondo y recordar siempre que
la serenidad y la firmeza serán siempre
nuestras grandes aliadas. Mantener la
serenidad nos impedirá venirnos abajo en los
momentos difíciles y nos ayudará a ver las
cosas con mayor claridad. Es importante
también no intentar cambiar el carácter de
nuestros hijos, tan sólo reconducirlo en la
medida de lo posible hasta que adquieran la
madurez necesaria.
Siempre, ante
cualquier situación, lo mejor será actuar de
manera serena y calmada, solemos vivir muy
acelerados y por ello perdemos los estribos
rápidamente, pero por el bien de nuestros
hijos lo mejor será no llegar a perder el
equilibrio, dialogar con ellos y hacerles
reflexionar, y desdramatizar al máximo la
situación. Si sabemos ser unos padres
serenos, será más fácil que nuestros hijos
crezcan maduros y felices, pues
irremediablemente nosotros somos y seremos
para ellos un modelo a seguir, para bien o
para mal.
Todos los padres
suelen perder la paciencia alguna vez,
aunque los más propensos para ello son
aquellos que sufren dificultades laborales o
domésticas. Podemos distinguir diversos
tipos de impaciencia, como pegar un cachete
ante una situación determinada, no escuchar
al niño cuando desea hablarnos, no jugar
nunca con él o no interesarnos por sus
actividades escolares o extraescolares, y
siempre justificándonos en nuestra falta de
tiempo. Estas actitudes resultan negativas
tanto para el niño como para los padres, que
más tarde anidarán sentimientos de
culpabilidad. Aunque sin duda alguna la peor
actitud es la de aquellos padres que gritan
continuamente a sus hijos descalificándoles
o dejándoles en ridículo: "¡eres tonto, no
aprenderás nunca, siempre tengo que decirte
las mismas cosas, yo no soy tu criada,
etc.", comportamiento que acabará minando la
autoestima del niño. También hay padres
demasiado exigentes y duros con sus hijos
cuando éstos no alcanzan el nivel exigido
por los padres.
Sea cual sea el
modelo de padres al que respondamos, si
realmente queremos ser unos padres pacientes
tendremos que esforzarnos y poner en orden
nuestras prioridades. Es importante que
pasemos parte de nuestro tiempo libre con
nuestros hijos, si no dispones de mucho
piensa que resultará más beneficioso a largo
plazo para todos que le dediques más tiempo
a él en lugar de tener la casa tan limpia o
una estupenda cena en el horno. No olvides
tampoco tratar a tu hijo con respeto, el
mismo que le exiges a él hacia ti, los
buenos modales son necesarios para todos,
mayores y pequeños.