Autor:
Adriana Saldaña Lozano, Gloria Molina Pérez
Algunos adultos mayores cumplen una misión
muy reconocida; por el amor que se involucra
entre los participantes: la abuelitud.
El disfrutar de ser abuelos brinda un
enriquecimiento que compensa las pérdidas
que se enfrentan en la etapa adulta.
La abuelitud trae consigo grandes
posibilidades de una nueva juventud, ya que
se afianzan la auto-estima y seguridad,
brindando anhelos de continuación
generacional; los abuelos pueden disfrutar
más a los nietos que a los propios hijos,
sin la obligación de “hacer las cosas bien”,
con la carga emocional que esto significa.
La llegada de un nieto hace sentir que se
restituye una oportunidad de acercarse a los
hijos que ya crecieron y abandonaron el
hogar.
“La gran sinfonía de la vida deberá terminar
en un gran final de paz y serenidad, de
seguridad material y emocional, así como de
atención espiritual y no con el golpe
estridente de un tambor que se rompe o unos
címbalos que se estrellan”. Lin Yutang.
En estos últimos cincuenta años, la
población mundial ha envejecido a pasos
agigantados, actualmente, el 10% de la
población de adultos mayores cuenta con más
de 80 años de edad y la proporción aumentará
a un 25% antes del año 2025.
En 1999, Año Internacional de los Adultos
Mayores, se promulgaron cinco derechos a
favor de este colectivo:
· Independencia.
· Cuidados.
· Participación.
· Autorrealización.
· Dignidad.
Se considera que lo prioritario es que se
produzca el cambio que derive en una nueva
mentalidad ante la situación que se está
creando. El envejecimiento supone cambios
importantes en el sistema biológico del
hombre, y el reto del adulto mayor es
enfrentarlos y adaptarse a ellos.
Aunque en nuestra sociedad se justifica la
vejez por la edad cronológica, se entiende
por vejez la percepción y asignación social
del proceso de envejecimiento a partir de
cierta edad, y en un sentido cultural
globalizador.
En encuestas realizadas por la ONU, entre
los círculos de abuelos, se pudo constatar
que ellos perciben el envejecimiento como:
· “La última carta de la baraja”.
· Una maldición.
· La mayor desgracia.
· Incapacidad de valerse por sí mismos.
· Llegada de enfermedades.
· Pérdida de esperanzas e ilusiones.
· Un engaño.
· Recta final de la vida.
Sólo una minoría expresó que la vejez
representa para ellos:
· Toma de experiencias.
· “Algo grande”.
· Ganancias de bienestar, sinceridad y
cariño.
· Tiempo de oportunidades y nuevas metas.
La vejez afecta cuando se reflejan síntomas
en el cambio de apariencia física, no así en
la esfera de sentimientos, emociones,
aspiraciones e intereses. Los adultos
mayores consideran que la vejez les impone
limitaciones físicas, mentales, económicas y
afectivas, mismas que son aceptadas en mayor
o menor grado, y a las que se ajustan a
través de mecanismos de defensa como la
racionalización y/o la compensación, con el
objetivo de hacer corresponder la imagen
social de la vejez con su auto-imagen, como
una forma más de atenuar su conflicto
interno.
Son evidentes los temores a la muerte,
ansiedad de separación por la pérdida de
seres queridos, sentimientos de nido vacío,
malestares relacionados con su ajuste y
adaptación a sus limitaciones, y en gran
medida por la repercusión de una imagen
social peyorativa o desfavorable de la vejez
en su propia imagen del proceso y en su
calidad de vida de forma general. Proceso
asociado errónea y frecuentemente a
conceptos como: senilidad, inutilidad,
estorbo; lo que lo lleva a sentirse como
tal, afectando su calidad de vida y su
propio bienestar subjetivo.
En cuanto a la imagen propia del adulto
mayor, se ve afectada por los estereotipos,
prejuicios, actitudes y comportamientos de
negación y rechazo; esto conduce a que la
auto-imagen sea negativa; y el papel que
asume la familia, ante el proceso de
envejecimiento de sus miembros, influye en
la auto-imagen del adulto mayor y en su
calidad de vida.
Los abuelos tienen un rol importante de
transmisión cultural, de formación y guía,
es necesario brindar la oportunidad a los
nietos de convivir y recibir tal herencia,
reconociendo la relevancia que implica el
inculcar principios y valores, entregados de
una forma de singular cariño que se
establece entre los abuelos y los nietos.
Muchas personas piensan que la autoestima es
algo que se obtiene desde chico, que se
obtiene a través de los padres, profesores,
abuelos y cualquier adulto cercano; que si
queremos hacer felices a los niños, no hay
que hacerlos sentir mal o decirles
bruscamente en qué fallaron, y entonces
podrán tener una autoestima positiva,
ingrediente fundamental para la felicidad...
Y es cierto, los niños con alta autoestima
son, usualmente, felices consigo mismos;
pero lo contrario, (tal como uno lo entiende
habitualmente), no es necesariamente cierto.
Tener contentos a los niños no es lo mismo
que hacerlos sentir bien ni que consigan
elaborar una adecuada autoestima; por
ejemplo, es una costumbre comprar cosas a
los niños para que estén contentos, sin
embargo, esa no es la forma de hacerlos
sensibles a saber quienes son o que pueden
hacer por sí mismos.
Este proceso debe ser un trabajo interno de
los propios niños; con autoestima no se
nace, se aprende, y muchas veces por el
camino más duro. Trabajando sobre las
dificultades y fallas, aprendiendo de los
errores, encontrando soluciones y sacando lo
mejor de cada tropiezo; en este camino, la
influencia de los abuelos puede ser de gran
ayuda a los niños.
Nosotros siempre tratamos de crear un “mundo
perfecto” para nuestros hijos y nietos,
inventando situaciones que no los harán
felices; al hacerlo, los estamos privando de
muchas oportunidades y de la posibilidad de
aprender a encontrar soluciones.
Los hacemos creer que son el centro del
universo y así les damos una falsa
fotografía de la realidad. Los chicos que
aprenden y viven sus propias experiencias,
son quienes tienen mayores posibilidades de
crear su propia y correcta autoestima.
Esta conciencia se fabrica progresivamente,
encontrando soluciones y trabajando en los
problemas y en este proceso, el adulto mayor
tiene la tarea de alentarlo, sostenerlo y
guiarlo. De esa manera, los chicos
entenderán que los adultos en sus vidas no
son los responsables por su felicidad, que
ellos son quienes deben forjar su futuro y
crear una forma de entender las cosas, desde
su funcionamiento y no porque alguien se los
dijo.
Las fallas y errores proveen un pasaje a “la
tierra del crecimiento”, en donde se sitúan
las fórmulas para solucionar los problemas;
y entonces, al dejar a los chicos comprender
que son los verdaderos responsables de sus
vidas, y que los consejos y compañía de los
abuelos son para aprender a vivir.
Es duro para los padres y abuelos ver a un
hijo o un nieto que se tropieza, comete
errores o falla; es muy importante
comprender que ésa es la única manera de
conseguir la experiencia y desarrollar las
armas de supervivencia para el futuro; el
futuro que le hará disfrutar de cada etapa
de la vida, incluyendo el proceso cuando le
corresponda la posible experiencia de la
abuelitud.
Los abuelos que contribuyen con su ejemplo
de “saborear” la vida, hacen que los nietos
comprendan mejor que es la autoestima; un
abuelo quejumbroso no es lo adecuado para
motivar a un nieto; en cambio, un abuelo
dinámico o una abuela contemporánea, con
espíritu y actitud de triunfadores,
transmitirán al nieto una invaluable guía
que le proveerá de recuerdos y que el nieto
podrá capitalizar al convertirlos en
recursos.
De esta manera se beneficiarán ambas
generaciones, ya que los abuelos establecen
proyectos, logran metas y su auto-imagen
proyecta alegría por la vida, y el nieto
recibe esa imagen que para él será una
motivación en su estilo de vida. Así se
continúa la abuelitud, haciéndola
experiencia agradable.