La táctica a
emplear depende de la edad de los niños,
evidentemente. Pero en general una buena
manera de motivarles es conseguir que
entiendan lo importante que es para su
futuro que estudien. Es decir, dialogar
con ellos sobre la importancia de que
cumplan con las tareas que sus profesores
les han impuesto es una buena formula para
conseguir el éxito.
Pero ¿dónde deben estudiar?. La
cocina, su habitación, cualquier lugar en el
que ellos se sientan cómodos, que tenga
suficiente luz, y que este bien ventilado.
No importa, siempre y cuando se habitúen a
estudiar siempre en el mismo lugar. Eso sí,
nada de televisión, ni de música por mucho
que ellos insistan con que no les molesta
para estudiar. Los expertos niegan que los
más pequeños puedan alcanzar el nivel de
concentración necesario para hacer sus
deberes con la televisión a todo volumen
junto a ellos. Además de que despista su
atención, pueden crear un habito en el
estudio nada saludable.
Una vez resuelto como y donde, veamos
cuando. En este punto son de gran
importancia los hábitos de la familia. Por
ejemplo, si la costumbre es cenar a las 8 y
media de la noche, lo conveniente es que
para esa hora los deberes que el niño debe
llevar para el día siguiente ya estuvieran
terminados.
El tiempo que diariamente nuestros hijos
deben dedicar al estudio en casa deber
rondar en torno a las dos horas. Los fines
de semana hay que procurarlos dejarlos un
poco libres, para que los pequeños puedan
disfrutar de sus juegos y del resto de sus
hermanos. Al menos uno de los dos días.
Estudiar con los hermanos también es
positivo para que surja el habito de
estudio, pero depende de la edad de cada uno
de ellos, ya que la diferencia de edad no
debe ser demasiado grande para que todos
aprovechen el tiempo de estudio aunque sea
conjunto.