Es fundamental
saber separarse de lo hecho y aprender a
valorarlo, en cierta medida, como algo que
ya no nos pertenece.
Si durante la infancia alguien valoró
nuestros esfuerzos, ayudándonos a
interiorizar que nuestras conquistas eran
apreciadas, es probable que tengamos
facilidad para terminar lo emprendido.
Si nadie los estimó, o fueron
menospreciados, quizá no queramos repetir la
experiencia de comprobar que lo que hacemos
no gusta a quienes nos rodean.
En cualquier caso, lo que representa para
cada persona terminar un proyecto es lo que
interviene de forma determinante para acabar
o no las cosas.