Son varios los
motivos que pueden empujarnos hacia esta
actitud. En principio, no terminar algo
puede alentar, de forma inconsciente, la
fantasía de que el tiempo no pasa, sobre
todo cuando se regresa de forma recurrente a
lo abandonado para dejarlo una vez más.
A veces, la interrupción delata el miedo a
fracasar. Muchas personas temen constatar
que lo realizado no se ajusta al cien por
cien a lo que esperaban. Prefieren la
incertidumbre a la decepción. En general, se
trata de individuos cuya intransigencia
consigo mismos los conduce a la parálisis.
En otras ocasiones, lo que les impulsa a
dejar a medias un proyecto es el miedo al
éxito. Suele darse en personas con un
sentimiento de culpa inconsciente que se
autocastigan de este modo.
Además de todo lo apuntado, lo cierto es que
al completar algo descubrimos nuestros
límites y comprobamos que todo tiene un
final, incluso nuestra vida, puesto que
somos mortales.