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Cruzar las
piernas, inclinar la cabeza, poner la mejilla
sobre la palma de la mano... estas posturas
revelan, tanto en el ámbito privado como en el
profesional, nuestro 'yo' más profundo. Sácale
provecho y aprende a descifrar y a utilizar los
mensajes de tu cuerpo.
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Levantar el
talón izquierdo mientras esperamos, no mirar
a los ojos de nuestro interlocutor, tocarnos
el cuello cuando hablamos en público...
Muchos de los gestos que realizamos a lo
largo del día los hacemos de forma
inconsciente y éstos, sin saberlo, delatan
nuestras intenciones.
Algunos de ellos son 'permanentes', no
varían con el tiempo y, si intentamos
modificarlos, el cambio resulta incómodo.
Pero no ocurre lo mismo con los 'gestos
alternativos'. Éstos dependen de nuestro
humor o del contexto en el que nos
encontremos. En público, las actitudes
pueden ser códigos de intención que marcan
el tono en una conversación o anuncian un
cambio de clima. Por ejemplo, en una reunión
de trabajo, si nos sentamos con las manos
detrás de la nuca, es porque ya hemos tomado
una decisión.
DESEO Y REALIDAD
Para Rosetta Forner, escritora y consultora
de equipos de trabajo, el proceso
comunicativo se divide en tres partes: las
palabras ocupan sólo el 7%, la voz (la
entonación, el ritmo...) acapara el 38%, y
el 55% restante pertenece íntegramente al
lenguaje corporal. Teniendo en cuenta que el
lado derecho del cuerpo está relacionado con
la imaginación y el izquierdo con la
realidad, Forner nos ayuda a interpretar las
posturas que te mostramos a continuación.
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Los antebrazos apoyados sobre las
piernas
Sentada, con
las piernas separadas, la espalda
ligeramente curvada hacia adelante y los
antebrazos relajados, apoyados sobre los
muslos. Esta actitud delata un carácter
demasiado viril. Es una posición
desafiante aunque positiva. Pero también
sugiere que la persona que tenemos
enfrente nos resulta muy atractiva, por
lo menos a nuestro subconsciente. Es una
clara oposición entre una actitud
masculina y una postura sexy y femenina.
En definitiva, si decidimos
voluntariamente adoptarla, es porque
consideramos que tenemos muchas
posibilidades de conseguir lo que
buscamos. Pero no es postura apropiada
para emplearla en el entorno laboral.
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La
manos juntas sobre las mejillas
Todos los
gestos que sirven para encuadrar la cara
son signos de seducción. Muchos
realizadores de cine los utilizan para
resaltar los rasgos de las actrices y
crear así más emoción.
La cabeza inclinada hacia la izquierda
se traduce en un sentimiento amoroso. La
mejilla contra el dorso de los dedos de
la mano izquierda, con el índice en
antena, significa que buscamos
protección, que nos canten una nana y
nos digan palabras suaves y bonitas.
Ladeamos la cabeza hacia la izquierda
porque estamos buscando una infancia
perdida. Pero, indudablemente, es un
gesto fingido y poco natural.
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El
talón en ángulo agudo
Éste es un
clásico de la seducción discreta, muy
repetido por aquéllas que llevan tacones
altos. Se levanta la planta del pie de
manera que el tacón forma un ángulo
agudo con el suelo. Es una señal de
disponibilidad amorosa. Si lo hacemos
con el pie izquierdo, queremos seducir
al más puro estilo 'Lolita'; con el
derecho, a lo 'femme fatal'.
La Lolita pone su pie izquierdo en
perpendicular, lo que delata a una
persona muy sensible, pero también muy
susceptible y narcisista. El pie derecho
pone de manifiesto un carácter más
dirigente en materia de sentimientos. En
ambos casos, estamos impacientes,
esperando a
que nos digan lo que tenemos que hacer.
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Las manos
encuadran la cara
¿Hay algo
más simbólico que ofrecer nuestra cara a
la persona que nos seduce? Los codos
apoyados sobre la mesa y el mentón sobre
las palmas de las manos; los dedos con
la punta hacia arriba se separan sobre
el rostro. Esta actitud la adoptan
generalmente las mujeres a las que su
interlocutor ha conquistado.
Es una manera de darle valor a la cara,
de enseñarla, de ofrecerla. Es una forma
muy directa de decir'Estoy enamorada'.
La niña que llevamos dentro está
ensimismada con quien tenemos delante:
'Estoy fascinada con lo que me cuentas,
eres como un chute de serotonina y no
tengo ningún pudor en demostrártelo',
queremos decir. |
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Una pierna enroscada como una serpiente
a la otra
Esta postura
es casi la única en la que no importa si
se trata de la pierna izquierda o la
derecha la que está enroscada. Este
movimiento es una complicada manera de
decirle a quien tenemos delante que
también lo abrazaríamos a él.
Nuestro cuerpo dice: 'Estoy fingiendo y,
por supuesto, no estoy relajada'. Pero
incluso podemos complicarlo aún más. Si
en esta posición nos inclinamos hacia
adelante apoyándonos sobre la mesa,
desequilibrándonos sobre el asiento,
además de la señal amorosa, demostramos
un carácter muy posesivo y falta de
cariño y atención. |
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De
pie, con las manos boca abajo sobre la
mesa
Los brazos
separados y los dedos apoyados sobre el
escritorio confirman nuestra autoridad.
Esta expresión gestual se enmarca dentro
de un entorno profesional.
Simbólicamente, la mesa representa el
conjunto de la plantilla. Apoyar las
manos sobre el escritorio, cubriéndolo
parcialmente con los brazos, busca
confirmar una situación de poder.
Es una manera de mostrar quién manda, de
decir: 'Aquí estoy yo y tengo claro a lo
que me voy a enfrentar'. Además, en esta
postura exponemos nuestros torso
erguido, lo que nos permite afirmar
nuestra fuerza frente a quien tenemos
delante. La simetría y la verticalidad
del cuerpo expresa franqueza y claridad
interior. |
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La pierna cruzada en
forma de escuadra
Esta postura
es frecuente cuando nos sentimos
atacadas por alguien con más autoridad o
cuando nos enfrentamos a un gran
público. Para luchar contra esta
sensación, aumentamos nuestro territorio
corporal utilizando la pierna como
barrera defensiva. Es una posición
típicamente masculina.
El hecho de que una de las piernas no
toque el suelo refleja: 'Todavía no he
tomado una decisión, por eso no he
bajado el pie a la realidad. Estoy entre
lo que me dicen y lo que pienso'. La
pierna derecha cruzada revela que existe
una situación de estrés. La izquierda
denota tensión, pero sin peligro
inminente. |
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