Morderse
las uñas y los dedos además de comerse el
cabello son algunas prácticas comunes.
Jesús tiene 24
años y cuando está nervioso comienza a
frotar con rapidez sus dedos hasta romper la
piel, por eso es común verle con muchas
curitas para cubrir las pequeñas heridas que
él mismo se hace.
'No sé por qué me lastimo, quizás es por
nervios. No es una conducta nueva, a los
ocho años me di cuenta de ello. Una vez la
maestra me devolvió un examen y preguntó con
asombro por qué había restos de sangre en el
papel', explicó.
Como Jesús,
muchas personas efectúan pequeñas agresiones
contra sí mismos. Algunos pellizcan su
rostro, otros se rascan con desesperación en
algunas partes del cuerpo y otros arrancan
parte de su cabellera. En casos extremos
llegan a comérsela, lo que en un futuro les
trae graves problemas porque tienen que ser
sometidos a una intervención quirúrgica para
extraer el cabello que el organismo no logra
digerir.
Para la
presidenta de la Asociación Venezolana para
el Avance de la Ciencia del Comportamiento y
docente de la Universidad Central de
Venezuela, Felícitas Kort, estos casos
entran en la clasificación de 'malos hábitos
generados por la ansiedad y el estrés'. Es
decir, no representan por sí mismos una
patología o un trastorno que sea motivo de
gran preocupación.
'En este sentido
no se debe generalizar porque cada persona
tiene características bien particulares que
deben ser analizadas con detenimiento'. Sin
embargo, esta especialista de la conducta
humana señala que la mayoría de las personas
presentan dificultad para controlar los
impulsos y logran aliviar su ansiedad
efectuando estas pequeñas agresiones, las
cuales son gratificantes y placenteras
porque a través de ellas disminuye el
estrés.
A su juicio,
existen diferentes herramientas científicas
utilizadas con éxito por psiquiatras y
psicólogos para tratar el problema. 'Los
expertos en el área del comportamiento nos
encargamos de evaluar y analizar la rutina
que las personas ejecutan diariamente y
contabilizamos su frecuencia e intensidad.
Con los datos podemos diseñar un tratamiento
lo más personalizado posible para ayudarles
a eliminar el mal hábito', indicó.
Según la
psiquiatra, es muy importante la
colaboración de los pacientes para corregir
este tipo de costumbre pues ellos tienen que
concientizar lo que venían haciendo de forma
mecánica. 'Es mucho más fácil cuando se está
consciente del problema porque se aprende
con facilidad a mantener la calma y perder
la tensión. Pero para lograr el éxito se
debe tener disciplina'.
Descubrir el origen
Para la psicóloga clínica Marianela
Manzanares, 'estos trastornos se derivan de
un pensamiento ansiogénico que implica
amenaza o daño'.
Esta docente de
la Universidad Metropolitana insistió en
evitar la generalización de casos tan
particulares y explicó que este tipo de
conductas 'alivian la sensación de angustia
que tienen las personas en determinados
momentos'.
De acuerdo a la
especialista, estos pensamientos que causan
angustia son producto de distorsiones de la
realidad. 'En oportunidades las personas
tienden a magnificar los problemas o se
preocupan demasiado ante eventos que
probablemente nunca ocurrirán. A veces el
estrés los paraliza'.
Identificar el
problema o la causa de la angustia es
importante para este tipo de tratamiento,
pues cuando se logra manejar el problema y
reestructurar la visión de la realidad,
entonces, los malos hábitos adquiridos para
aliviar el estrés desaparecen