Es cierto que
antes de tomar una decisión importante
debemos plantearnos una serie de cosas como
son:
- Analizar las diferentes opciones que
existen
- Valorar cada opción de forma que veamos lo
que nos hace sentir cada una
- Finalmente tomar la decisión
- Actuar en consecuencia
Analizar las opciones
En esta primera fase de la toma de decisión,
se trata en la medida de lo posible de dejar
aflorar a nuestra cabeza todo, absolutamente
todo y todas las ideas por peregrinas que
nos parezcan. El proceso es ir desechando
ideas y aceptando otras pero sin bloquear la
entrada de ninguna por cuestiones de
moralidad o cualquier otra razón. Si nos
encontramos en un momento de mucha presión
es mejor dejarlo para otra ocasión, puesto
que no podemos pensar con claridad y
podríamos llegar a una solución inadecuada.
Valorar cada opción por los sentimientos
Igual de importante que abarcar todas las
posibilidades, es tener en cuenta qué siente
nuestro corazón por cada una de ellas.
Podemos realizar un ejercicio práctico que
consiste en ponernos a escribir una lista de
pros y contra de cada una de las opciones,
la lógica nos llevará a valorar
objetivamente las decisiones. Sin embargo,
al terminar el ejercicio nos daremos cuenta
de que alguna de ellas ha salido más
favorecida que las otras, seguramente la que
nos dicta el corazón. Los sentimientos son
importantes, nunca hay que dejarlos de lado.
Tomar
la decisión
Facilita mucho la toma de decisión el tener
muy claro cuáles son nuestras prioridades en
la vida, a partir de aquí la decisión girará
en torno a ellas. Hay que tener en cuenta
que no existe la decisión perfecta, siempre
al tomarla dejaremos cosas en el camino que
podrían haber sido igual de buenas. El tomar
la decisión adecuada, dependerá en mucho de
que seamos capaces de ser sinceros con
nosotros mismos sin necesidad de escondernos
detrás de expresiones como: "debería",
"querría", "sí, pero...". Lo fundamental es
la confianza en nosotros mismos y la
creencia de que la decisión tomada es la
mejor.
Un buen consejo
es tomar la decisión en solitario, si
compartimos la decisión, a veces no somos
sinceros del todo, porque pueden primar
sentimientos como la vergüenza, el pudor,
etc. Nosotros no debemos justificarnos ante
nosotros mismos de lo que sentimos o de cómo
actuaríamos, delante de los demás estamos
obligados a hacerlo, son las reglas de la
convivencia. Por tanto, siempre la decisión
es cosa nuestra.
Actuar en consecuencia
Ahora hay que actuar en consecuencia y
sentir que estamos haciendo lo correcto,
pues se trata de una acción estudiada, no
tomada al azar. Siempre hay que mirar hacia
adelante y saber que la voluntad y la
perseverancia hacen que llegamos a las metas
fijadas.
El poder de
decisión
Muchas veces nos enfrentamos a situaciones
en las que decidir es muy importante y no
sabemos qué hacer. En ocasiones nos vemos
obligados a dar una respuesta sin estar
realmente seguros que eso es lo que queremos
hacer y decimos que sí o que no sin estar
plenamente convencidos de que eso es lo que
deseamos.
Por eso es importante aprender a decidir así
que, trataremos, de darte una orientación
para que hagas tus propias elecciones sin
presión. Estamos conscientes que los medios
de comunicación o el mismo entorno nos dicen
que solo tienes una vida y que debes
vivirla, pero en ocasiones dejarte llevar
por los instintos no es tan bueno si no
tomas en cuenta los riesgos o consecuencias
que tienen tus actos, así que lo ideal en
los casos de tener impulsos, es analizar
bien y si finalmente decides hacerlo
¡felicidades!, pero si desechas la idea,
también te felicitamos puesto que es una
decisión que tu tomaste.
También hay que recordar que nuestro cerebro
no procesa las negaciones, es por eso que
mientras más te prohiben hacer las cosas,
con más gusto las haces. De igual forma, es
por esa razón que cuando decimos "no tengo
frío", "no estoy nervioso", "no necesito..."
En realidad lo sientes mas, ya que la orden
llega a tu cerebro como que lo hagas. Este
proceso neurolinguístico nos lleva a pensar
que detrás de un "no", se esconde un "sí"
así que si en realidad hay algo que quieres
evitar hacer, busca la manera afirmativa de
decirlo, por ejemplo, a los niños hay que
evitar decirles "no hagas esto o aquello",
lo mejor es decirles "si lo agarras se puede
romper y te puedes cortar, mejor vamos a
jugar a otra cosa", de esta manera le estas
diciendo lo mismo pero de una manera
afirmativa y sobre todo con una explicación
lógica.
Decir sí es
mucho más fácil, aunque en ocasiones es
mejor decir no. Sabemos que estás en la edad
de conocer, pero de todo lo que existe, hay
cosas que distan mucho de ser buenas para
que las pruebes, así que aquí entra tu
educación y tu criterio, el problema es que
en ocasiones nos dejamos llevar por el
momento y lo que menos usamos son esas dos
herramientas y es entonces cuando hacemos
cosas de las que luego nos arrepentimos.
Si bien es
cierto el dicho "el que no arriesga, no
gana", también es importante que tanto vas a
arriesgar y, sobre todo, que tanto se puede
perder si se hace sin pensarlo, por lo que
antes de decidir se puede preguntar "tiene
sentido", créeme vale la pena tomarse un
segundo para reflexionar.
Por supuesto
todo esto sin dejar que tu lado intrépido y
aventurero se pierda, sino que hagas uso de
él cuando sea el momento y lugar correcto y
siempre con una reflexión, aunque sea breve,
de lo positivo y negativo de la decisión.
Aprendiendo a decir que no, te ahorrarás
muchos problemas porque solo harás lo que
realmente quieras y dirás que sí plenamente
convencida, haciendo todo lo que quieras sin
quedarte con las ganas de nada. Esta en ti
ese poder de decisión, úsalo y verás que te
va a ir mucho mejor, pero sobretodo ¡sé
felíz!.