Mensajes grabados a fuego en el inconsciente
La etapa infantil tiene una influencia
decisoria y decisiva en la salud afectiva y
emocional. Nuestras primeras vivencias
quedan grabadas a fuego en el inconsciente,
tanto si son agradables como si son tristes
o violentas. Por supuesto, estas últimas
tienen más fuerza, por el impacto emocional
y la energía estancada que dejan.
Mónica no
recuerda a su padre. Cuando ella tenía dos
años se fue de viaje con su secretaria y
nunca más volvió. La infancia junto a su
madre fue buena; pero desde que se
independizó, su vida es un desastre. Ha
tenido media docena de novios y con todos ha
terminado mal. O la abandonan, o ella
encuentra un defecto imperdonable que
precipita la ruptura. Cuanta más estabilidad
afectiva tiene, más difícil le parece
conseguirla.
¿Qué le impide
enamorarse del hombre adecuado?.¿Es mala
suerte?.Estudiando su conducta, es fácil
descubrir el auto sabotaje. Su inseguridad
la hace celosa y desconfiada: exige muestras
de fidelidad constantes, agobiando a todo el
que se le acerca. En su interior, el miedo
al abandono encubre un deseo inconsciente
que la dejen, para repetir una y otra vez la
grabación que su mente infantil hizo
respecto de la imagen paterna:",me dejó
porque fui mala, porque me lo merecía". Este
es el núcleo que la autodestruye.
Y, ya sea por
imitación u omisión, volvemos al pasado,
donde fueron grabados a fuego esos mensajes
perturbadores; tanto lo fueron, que
resultaron intolerables y, a causa de ello,
desalojados al inconsciente. Pero, el
inconsciente siempre trata de irrumpir y en
la oportunidad más propicia, en el presente,
lo hace, obligándonos a "actualizar", a
"repetir" aquella vivencia infantil, como
ocurrió con Mónica. En algunos casos por
imitación y en otros por omisión (cuando
queremos rebelarnos contra una imagen de la
niñez).
Por imitación
actúa el hijo de un alcohólico que también
bebe en exceso o se droga, o el hombre que
busca con desesperación una pareja que le de
el cariño, la ternura y la protección que le
dio su madre.
Por omisión se
desenvuelve la hija de un padre agresivo y
violento que teme levantar la voz cuando se
enfada y no puede presenciar escenas
violentas. De un modo u otro, el resultado
es un acontecimiento rígido y muchas
dificultades y limitaciones para actuar en
presencia de los demás.
Más
historias con nombre propio
Daniel era un niño muy creativo. Un día su
profesora leyó una de sus poesías delante de
toda la clase. Las risas de sus compañeros
le hicieron descubrir, de un golpe, el miedo
al ridículo. No ha vuelto a mostrar sus
sentimientos.
Graciela se
enamoró locamente de un chico de su clase y
lo llevó a su casa. Sus padres la castigaron
severamente. Tal actitud le produjo tal
impacto que a partir de entonces no puede
acercarse a los chicos en forma natural;
tiene miedo a hacer algo muy malo.
El padre de
Javier era a dicto al juego y, cada vez que
perdía dinero, pagaba su frustración con la
familia: broncas, peleas e insultos. Hoy es
él quien de forma inesperada entra en cólera
por cosas sin importancia. Después se siente
más culpable.
Estas historias
son sólo algunos ejemplos de cómo, a través
de actitudes que inconscientemente nos
recuerdan sentimientos básicos de vergüenza,
miedo, frustración, temor a ser golpeados,
abandonados y que repetimos a lo largo de
nuestra existencia, vamos limitando nuestras
vidas a la vez que tornándola insoportable.
Por eso, para
comprender muchas reacciones del presente
que nos hacen padecer, tenemos que
investigar en nuestra niñez; y la mejor
manera de resolverlo es mediante una terapia
psicológica , que nos ayudará y permitirá,
como en la tarea de quitar las capas a una
cebolla, llegar al meollo del sufrimiento,
para poder enfrentarlo y resolverlo. O en el
peor de los casos, asumirlo. Caso contrario,
y a pesar de nosotros mismos, siempre
tenderá a surgir a la conciencia
obligándonos a repetir vivencias pasadas,
aunque actualizadas.