Suena el
teléfono. Reconocés detrás de los hipos
y lloriqueos a tu mejor amiga. Está
confusa, asustada. Quizás está en la
mitad de una pelea con su novio porque
escuchás gritos de fondo. O quizá metió
la pata en su trabajo nuevo y si la
echan - otra vez !- su vida será un
caos. O quizá su madre la esta volviendo
loca.
Como notas la desesperación en su voz le
proponés que se encuentren
inmediatamente en el café más cercano.
Te ponés el saco, salís corriendo y
entonces una duda te paraliza: -¿qué le
vas a decir cuando la veas?-
Cuando te piden hagas de terapeuta -no
sólo que le tomes las manos y le
ofrezcas consuelo, sino que trates de
resolver la crisis de alguien que te
importa- la situación puede ser tan
alarmante para vos como para ella. Las
10 técnicas siguientes te ayudarán a
mejorar tus habilidades como terapeuta
amateur ...
1-
Simplemente escucha
Una de las quejas más comunes de la persona
angustiada es que nadie entiende lo que ella
está sintiendo. El simple hecho de dejarla
hablar ayuda a bajar su nivel de ansiedad y
le permite ver la situación más y
claramente. Para lograr esto es necesario
que observes, esperes y absorbas toda la
información de su discurso y sus gestos. No
saltes con respuestas rápidas y fáciles y,
sobre todo nunca, pero nunca, te rías de su
situación. Tal vez a vos te parezca una
pavada que tu amiga esté desesperada porque
en la peluquería le hicieron un desastre en
la cabeza, o porque perdió la agenda; sin
embargo si le decís con brusquedad que lo
que tanto la angustia es una taradez,
difícilmente logres que se calme y mucho
menos que entienda tu punto de vista.
Permitíle que se descargue sin ofrecerle tu
opinión y quizás entonces tu amiga pueda
volver a su casa sintiéndose mejor y
diciéndote qué inteligente que estuviste. ¡Dejala
que lo crea! Si llega a necesitar más ayuda,
seguro que va a volver a llamarte para que
la escuches un poquito más. Cuando
finalmente se calme, podrás decirle todo lo
que pensás de la situación y su manera
resolverla.
2- Reflexiona
sobre lo que escuchaste
Cuando sea tu
turno de hablar, empleá frases como: "Estoy
escuchando que..." o "Me parece que estás
diciendo que... ". También podés hacer
preguntas del tipo: "¿Por qué pensás que él
hizo eso?" o "¿Cómo te sentís con respecto a
él ahora?". De esta manera mantenés la
conversación focalizada en lo que ella está
buscando expresar. Tu propósito es conseguir
que ella se explaye y explore su interior,
no porque vos no comprendas la situación
sino porque cuando más hable, cuánto más
escuche en voz alta el relato de lo que
tanto la atormenta, más comprenderá ella
sobre el problema. No caigas en la tentación
de inventar explicaciones fáciles después de
lo ocurrido y ofrecer soluciones
conformistas.
Por ejemplo no te descuelgues con un
"Carola, tirado a la pirañera ya": si fuera
tan fácil , tu amiga lo habría hecho. ¿no?
3- Restaura
su confianza
Cuando alguien
está desesperado, se siente el patito feo
del universo. Una de las tareas más
importantes de la falsa terapeuta es chapa y
pintura de la autoestima: alabá la
inteligencia y la fuerza de tu amiga,
asegurále que ella puede solucionar este
problema, por ejemplo recordándole los
obstáculos que superó en el pasado. No le
permitas que se lamente, se autoflagele o se
odie a sí misma. Explícale ?aunque en
momentos de calma ella lo sepa bien- que la
autocompasión sólo sirve para empeorar las
situaciones ¿Un detalle efectivo y sencillo?
Decíle que la querés en las buenas y en las
malas. Todos necesitamos escuchar esas
palabras, algunas veces más que otras.
4- No la
dejes ser una mártir
Cuando te llama
está en plena crisis de nervios, pero al
encontrarse en el café sonríe y afirma que
en realidad estaba todo bien que no era para
tanto, que estaba sobreactuando ... En fin,
que no pasa nada. Poca verdad hay en esas
palabras pero no se lo digas así. Mejor
recordále que hace falta valor para pedir
ayuda, y que si ella se siente tan mal como
se sentía cuando hablaron por teléfono, debe
investigar qué está pasando. Lo más probable
es que, camino al bar sintió una súbita
vergüenza por su actitud. A veces hay que
convencer a una amiga que sufre, que no
tiene nada de qué avergonzarse, sino que no
debe hacerse la sufrida, que ella también
tiene derecho a tener satisfacciones en la
vida. Una vez que tu amiga haya emprendido
ese camino, ayudála a no volver atrás.
5- Exorcizá sus terrores
El miedo es el mayor enemigo a la hora de
resolver los problemas. Podés ayudar a tu
amiga a superarlo preguntándole qué es lo
peor que le puede pasar en la situación
planteada que tanto la angustia. Si ella
contesta: "Me voy a quedar sin trabajo",
respondéle con otra pregunta "En ese caso,
¿qué vas a hacer?". Seguramente ella va a
contestar las cosas más obvias "¿Cómo voy a
pagar el alquiler, la luz, el gas, el
teléfono... ?" ¿Cuánto tiempo va a pasar
antes de que encuentre otro trabajo con la
desocupación que hay?". Podés contestarle
que la familia y los amigos la van a ayudar
a pagar las cuentas y buscar trabajo. Apelá
al mismo tipo de diálogo si ella dice: " El
me dejó, esta vez para siempre" o "Mi viejo
me va a echar de casa". El objetivo es que
atraviese, paso por paso, las escenas que
tanto miedo le dan, para que vea que siempre
hay una solución posible, sea fácil o
difícil. En la mayoría de los casos,
examinar los terrores con otro los hace
menos importantes de lo que parecen durante
una larga noche de insomnio. Una vez que
ella se de cuenta de esto, podrá comenzar a
dar algunos pasos positivos.
6- No dejes que se obsesione
Una de las tantas maneras de evitar
enfrentar un problema real es darle vueltas
y más vueltas a un solo detalle por ejemplo
un insulto o una frase humillante. Es más
fácil ?y muy contraproducente- permanecer
herida reviviendo el mal momento, que ver el
cuadro completo e investigar el significado.
La obsesión entorpece las ideas y no permite
que se den los pasos para intentar resolver
el problema. Cuando una se obsesiona se
queda clavada en el dolor y le resulta
imposible ver la situación en su conjunto.
Si su relación de pareja está verdaderamente
en ruinas, el asunto no se limita a que él
se haya olvidado del cumpleaños de ella. Si
tu amiga no para de quejarse del mismo
ínfimo detalle, tratá de ayudarla,
suavemente a enfocar su atención sobre la
conducta de él y no meramente sobre el
incidente aislado.
7- Lee su lenguaje corporal
Mentirse a uno mismo lleva a confundir los
pensamientos y a tomar decisiones
equivocadas. Si después de su S.O.S.
telefónico tu amiga te cuenta que en
realidad su matrimonio es el más feliz del
universo y al mismo tiempo hace girar su
anillo de bodas en su dedo, es muy probable
que se esté engañando a sí misma, y te diga
esas cosas para confirmarse esa mentira. Si
te cuenta que el sexo con su pareja es
genial mientras termina su segunda porción
de torta de crema de chocolate y
maníacamente ordena una tercera, tenés
razones para sospechar. Pero no saltes por
encima de la mesa y le grites: "¡Ajá! Esta
es la evidencia de que te estás engañando a
vos misma!". Podés usar lo que te dice su
lenguaje corporal para guiar la conversación
hacia terrenos más fértiles. Si aprovechas
sutilmente las pistas recogidas durante la
charla, sabrás qué preguntar. Por ejemplo:
"Qué bueno que hayan mejorado, porque no me
acordaba que hubiera sido así desde un
principio. ¿Me equivoco? ¿Siempre fue así de
genial el sexo entre ustedes?". Esto no
señala directamente su mentira, pero deja
una puerta por la que puede colarse la
verdad.
8- Armate de paciencia
La gente que atraviesa una crisis suele
ponerse molesta. Tu amiga puede llorar y
quejarse, repitiendo la misma cosa una y
otra vez, mientras se rehúsa a ver aquello
que para todos los demás está perfectamente
claro. No te sorprendas si, en su
frustración, incluso te ataca. Tenés que ir
armada de paciencia, ser fuerte y dejar que
tu amiga dé rienda suelta a su indignación.
Si le respondés enojada, la pelea entre
ustedes será sólo un sustituto del conflicto
real. Si el ambiente se caldea, una
respuesta apropiada a un insulto podría ser:
"Debés estar muy angustiada para enojarte
conmigo, porque yo no soy el problema ". De
este modo, te permitís reaccionar sin quedar
involucrada en el conflicto. Luego con
calma, llevála nuevamente al tema principal.
9- No descalifiques a nadie
No importa cuánto esté maldiciendo a su
hermana, su madre o su novio, agregar tu
propia opinión es una mala idea. Nunca digas
cosas como: "Yo siempre pensé que ella era
una bruja" o "¿Viste que era un
desgraciado?". Nunca aproveches para
confesar ?por ejemplo? que en la fiesta de
año nuevo su novio se tiró un lance con vos,
porque al día siguiente pueden reconciliarse
y andar como pegados con velcro, y vos vas a
ser la villana de la película, no él. En
cambio, podría ser valioso que trataras de
ayudarla a ver las cosas desde el punto de
vista de la otra persona. Si ella está
furiosa porque su marido se quedó sin
trabajo y ella es la única que mantiene la
casa con su empleo, cuando llega a la noche
la pileta es una torre de platos sucios y
tiene que ponerse a cocinar si no quiere
comer pizza otra vez, podrías ayudarla a ver
que seguramente la explicación a su
comportamiento es que él se debe sentir
disminuido, tal vez celoso de ella, y que la
depresión no se arregla con peleas.
10- No trates de impresionarla
Lo último que necesita una amiga en
problemas es sospechar que te preocupa más
saberte buena como Florence Nightingale, que
ayudarla de verdad. No quedes atrapada por
el sonido de tu propia voz diciéndole cosas
inteligentes. No estás allí para mostrar que
sos fraternal y compasiva, ni para exhibir
cuántos libros de psicología leíste. Si a lo
largo de la conversación vos te sentís una
santa pero ella sigue llorando a lágrima
viva, probablemente no hayas sido de gran
ayuda. Más que discursos grandilocuentes,
una persona en crisis necesita palabras
simples que la hagan cambiar de frecuencia y
ver las cosas de otro modo.
Ya cerraste la
puerta de tu casa, y te asalta la duda sobre
cómo enfrentar lo que te espera en el café.
En el camino podés tranquilizarte recordando
que decirle a tu amiga qué hacer no es una
verdadera ayuda: lo que ella necesita de vos
es que la escuches, la apoyes y le devuelvas
la confianza. Hacé que relate su problema de
tal manera que pueda volver a sentirse
fuerte y con las ideas más claras, capaz de
saber cómo empezar a resolver las cosas. Si
te parece que, una vez apagado el incendio
del momento, su problema es realmente grave,
podés hacer algo más por ella: impulsarla a
pedir ayuda profesional. Eso no significa
que te laves las manos, al contrario:
también en esa etapa va a necesitar el
afecto de una amiga.