Los pilotos de
aeronaves dicen que en el aire la velocidad
es la vida. Si el avión deja de moverse se
cae, con sus trágicas consecuencias.
Muchas veces nos
lamentamos de las oportunidad que se
escaparon de nuestras manos. Cuantas cosas
hemos deseado sin alcanzar. De cuantas
cosas nos lamentamos, de las malas notas en
un examen, de no terminar una mala relación
antes, de no acabar la universidad, de no
aprender flamenco, no hablar francés, no
haber viajado más, no bajar de peso, la
lista es a veces interminable.
Muchas veces
tenemos buenas razonas por no haber actuado
a tiempo, otras sencillamente no lo hicimos
¿seria pereza?. El antiguo testamento el
libro sagrado para judíos y cristianos es
muy duro cuando habla de la pereza. Algunas
veces no actuamos en nuestras metas por
pereza, aunque disfrazamos esa verdad en
infinidad de excusas. En la actualidad no
la llamamos pereza, se llama
procrastinación, temor, o comodidad, el área
de la comodidad y el confort. Podemos
llamar a la inactividad como queramos las
consecuencias son las mismas.
En mi caso
personal siempre quise bailar flamenco, tan
vano como eso. Por años lo pospuse y soñé
en lo maravilloso que seria. Contemple mis
pies moviéndose en armonía con las
castañuelas y las palmas. Me deleite
pensando en como me divertiría aprendiendo
flamenco. Un buen día me inscribí en clases
de flamenco. Bueno, después de varias
lecciones y cientos de frustraciones me
convencí que no era para mi, no me gustaba,
además de no poder seguir las complicadas
rutinas no me gustaba el zapateo (voila).
Después de años de perder el tiempo soñando,
aprendí que el flamenco para mi era para ser
admirado en otros.
La
diferencia, como sabemos, entre un sueño y
una meta es el actuar. La meta tiene un
objetivo y una línea de tiempo, el sueño es
... un sueño. No es malo soñar, pero
también debemos de tener metas y no dejar
que nuestros sueños nos roben nuestra
realidad. Si en realidad deseas algo
empieza, muévete. Tu puedes y te lo debes a
ti mismo.