No ocurre esto
en la verdadera Depresión Posparto, una
enfermedad que por lo general comienza
aproximadamente cuatro a seis semanas
después del nacimiento del bebé, antes que
los síntomas alcancen su máxima intensidad y
continúa hasta por 12 meses. Entre 10% y 15%
de las parturientas recientes desarrollan un
cuadro de franca depresión, más severo que
los "blues" y con las características de la
enfermedad como son, fatiga constante,
pérdida de la felicidad de vivir,
aislamiento de familiares y amigos, descuido
personal, excesiva preocupación por el bebé,
desinterés o falta de respuesta sexual y
otros síntomas de depresión como insomnio,
sensación de inutilidad, llanto o deseo de
llorar y una gran variación en el estado de
ánimo. Afortunadamente, solo un escaso un
por ciento de las mujeres con depresión
posparto presentan psicosis, cuando la
persona sufre de alucinaciones, se imagina
cosas, sufre de delirio de persecución,
piensa y se expresa de manera irracional y
llega a temer que le va hacer daño al bebé.
La Depresión Posparto
Se han sugerido
muchas causas, especialmente la de los
conflictos que se presentan al asumir el
papel de madre, una personalidad inadecuada,
episodios depresivos previos, y la caída
dramática en los niveles hormonales.
Estudios han demostrado que las relaciones
matrimoniales de mala calidad se
relacionaron con una mayor incidencia de
depresión posparto. Probablemente no existe
una causa única sino más bien diferentes
tipos de estrés que pueden tener la misma
consecuencia o que pueden actuar
conjuntamente. Sabemos que entre esos
"factores de riesgo" están: Una historia
previa de depresión, falta de apoyo por
parte de la pareja, un bebé prematuro o con
cualquier tipo de enfermedad, el que la
nueva madre hubiera perdido a su madre
cuando era niña, una acumulación de
acontecimientos vitales adversos, como el
fallecimiento de un ser querido, la pérdida
del empleo de la paciente o de su pareja,
problemas económicos o problemas de
vivienda. Por otro lado, parece probable que
la depresión posparto esté relacionada con
los importantes cambios hormonales que
tienen lugar en el momento del nacimiento de
su hijo. Aunque los niveles de estrógenos,
progesterona y otras hormonas relacionadas
con la reproducción que pueden afectar a las
emociones descienden bruscamente tras el
parto, no se han encontrado diferencias
entre las hormonas de las madres que
desarrollan una depresión posparto y las de
las que no. Una posible explicación es que
probablemente algunas mujeres puedan ser más
sensibles que otras a tales cambios. Algunos
autores han señalado situaciones ambientales
adversas para niños criados por madres
deprimidas. Estos estudios han mostrado que
los hijos de madres deprimidas presentan
resultados psicológicos y de comportamiento
desfavorables, acompañado de bajo peso al
nacer, quejas somáticas, accidentes, retardo
en el crecimiento, depresión y dificultades
en el aprendizaje.
¿Qué hacer?
En primer lugar
realizar el diagnostico adecuado. Muchas
madres deprimidas no son conscientes de que
tienen una enfermedad y se sienten
avergonzadas de tener que admitir cómo les
ha afectado su reciente maternidad. Algunas
pueden llegar a creer que si dicen cómo se
sienten realmente puede que les quiten a su
hijo y esto NO ocurrirá.
Algunos médicos,
enfermeras y trabajadores sociales están
preparados para reconocer la depresión
posparto ya que conocen su existencia y se
esfuerzan por detectarla. Sin embargo, otros
profesionales la pasan por alto o, lo que es
peor, la ignoran considerándola como un
simple "maternity blues". En la actualidad,
existe una mayor preocupación para el
reconocimiento y tratamiento de la depresión
posparto. Una vez que se sospecha la
presencia de este trastorno, hay que animar
a la paciente para que exprese como se
siente realmente tras el parto de su hijo.
Si manifiesta sentirse triste, desgraciada,
irritable, incompetente, asustada y
desinteresada por el bebé, debe aceptarse
esto con una actitud comprensiva, no con
alarma y reproches.
El decirle a la
madre que todo lo que le está pasando es
consecuencia de que tiene una enfermedad
llamada depresión posparto, suele ser de
gran ayuda, ya que por lo menos sabrá a qué
tiene que enfrentarse. Hay que
tranquilizarla e intentar convencerla de que
ella no es una madre caprichosa,
extravagante o una mala madre, y de que
otras muchas personas han padecido y padecen
la misma enfermedad. La depresión posparto
es muy frecuente, y si se pone tratamiento
sin duda mejorará. Hay que advertir a la
paciente que el tratamiento necesitará su
tiempo para hacer efecto y que será
necesario el concertar algunas citas para
que reciba el apoyo necesario hasta que se
recupere.
En este momento
es importante el involucrar a la pareja de
forma que él pueda comprender qué es lo que
ha estado pasando. No olvidemos que él
también ha estado sufriendo las
consecuencias de la depresión posparto.
Posiblemente él sea quien mejor pueda apoyar
a su esposa. Pero, también necesitará algo
de apoyo para sí mismo, especialmente si es
el primer hijo que tiene la pareja y si se
ha sentido desplazado tras su llegada. Este
es un aspecto realmente importante ya que si
el marido está resentido y no comprende
hasta que punto su esposa necesita de su
apoyo y ayuda podrían surgir más problemas.
El marido de la paciente también se sentirá
aliviado por el diagnóstico y por recibir
consejos sobre cómo actuar. La ayuda
práctica con el recién nacido, una actitud
comprensiva y afectiva y el ser positivo
serán apreciados incluso cuando la depresión
desaparezca.
Si usted o algún
ser querido experimenta alguno de estos
síntomas después del parto y ellos duran más
de una semana, hable con un especialista
inmediatamente. Recuerde, la depresión
posparto es una enfermedad. Las mujeres que
la sufren no son personas malas o mal
agradecidas. Ellas no tienen la culpa de los
síntomas que sienten. Están enfermas y
necesitan atención.