Saber sostener el placer
que representa un proyecto en marcha y no
estar pendiente únicamente del resultado
final. Para ello, conviene plantearse
objetivos posibles.
Aceptar los fallos
que pueda haber en el resultado final. Sólo
lo lograremos si somos tolerantes con
nuestras debilidades y conocemos nuestras
limitaciones. La exigencia desmesurada puede
ser un obstáculo.
Saber perder
es una condición para saber ganar.
Investigar temores ocultos
que pueden estar en la base del miedo a los
finales. Algunos de estos miedos pueden
estar relacionados con la constatación de
que nuestras actividades nunca fueron
suficientemente valoradas por nuestros seres
queridos, lo que nos dejó la impresión de
que nada de lo que hiciéramos era suficiente
para satisfacerlos.