No importa si
una pareja está casada, separada o
divorciada cuando una madre y un padre
muestran hostilidad y desprecio el uno hacia
el otro, sus hijos sufren. Esto ocurre
porque el desarrollo de un matrimonio -o un
divorcio- crea una especie de "ecología
emocional" para los niños.
Así como un árbol se ve afectado por
la calidad del aire, el agua
y el suelo en su medio, la salud emocional
de los niños está determinada por la calidad
de las relaciones íntimas que los rodean.
Sus
interacciones como padres, influyen en las
actitudes y logros de sus hijos, la
capacidad para regular sus emociones para
llevarse bien con los demás. En general,
cuando los padres se preocupan y se apoyan
mutuamente, la felicidad emocional aflora en
los hijos. Pero los niños que está
constantemente expuestos a la hostilidad que
existe entre sus padres, pueden toparse con
riesgos que ni siquiera son capaces de
advertir.
No hay ninguna
duda de que los niños se sienten afligidos
cuando son testigos de las peleas de los
padres. Sus reacciones varían entre: el
llanto, quedarse inmóviles, tensionados,
taparse los oídos, esconderse (o por lo
menos taparse los ojos, creyendo que así
dejará de existir tan terrible escena).
Incluso los
niños más pequeños, reaccionan ante las
discusiones de los adultos con cambios
fisiológicos tales como el aumento del ritmo
cardíaco y la presión sanguínea. El estrés
de vivir con el conflicto de los padres
puede afectar el desarrollo del sistema
nervioso autónomo de un pequeño, el cual
determina la capacidad del niño para
resolver problemas.
Los hijos de las
parejas muy conflictivas obtienen
clasificaciones más bajas. "La gran tragedia
educativa de nuestro tiempo es que muchos
niños están fracasando en la escuela, no por
problemas intelectuales o físicos, sino por
sus "desequilibrios" emocionales, producto
del ejemplo emocional que reciben en el seno
de sus hogares".
Los niños
educados por padres cuyos matrimonios se
caracterizan por la crítica, la posición
defensiva y el desprecio, tienen muchas más
probabilidades de mostrar una conducta
antisocial y agresiva hacia sus compañeros
de juego. Tienen mayores dificultades para
regular sus emociones, concentrar su
atención y calmarse a sí mismos cuando se
sienten perturbados. También, el "maltrato
emocional " recibido por un niño puede
manifestarse en problemas de salud, que
pueden ir desde tos y resfríos hasta llegar
a cuadros de estrés crónico.
Aunque esto
puede resultar perturbador para los padres
que están experimentando un conflicto
matrimonial, hay esperanzas. En especial
para las parejas de padres (casados o
divorciados) que se sientan motivadas por
cuidar y dar un buen ejemplo a sus hijos. La
primera y más importante lección que una
pareja de padres debe aprender es:
No es el conflicto entre los padres,
en sí mismo, lo que resulta tan perjudicial
para los niños, sino la forma en que los
padres manejan sus disputas.
A menudo, las
discusiones, los enfrentamientos y las
disputas, dejan a los padres demasiado
agotados y disponen así de menos tiempo y
energía para dedicar a sus hijos. Estar
presentes, desde el punto de vista
emocional, ayudándolos a enfrentar los
sentimientos negativos, escuchándolos y
guiándolos durante los períodos de estrés
familiar, hace que los hijos se sientan
protegidos contra muchos de los efectos
perjudiciales de la agitación familiar,
incluído el divorcio.
El divorcio no
es necesariamente lo que perjudica a los
niños, sino más bien la intensa hostilidad y
la mala comunicación que puede desarrollarse
entre madres y padres, ya que éstas pueden
continuar aún después del divorcio.
Las formas
adecuadas de abordar los conflictos entre
padres, pueden ser aprendidas por ellos
mediante una correcta "capacitación
emocional", un amortiguador probado contra
los efectos perniciosos de los conflictos
matrimoniales y familiares en general.
Los padres,
cuyos matrimonios son insatisfactorios,
ofrecen un mal ejemplo a sus hijos sobre la
forma de relacionarse con los demás. Los
niños que son testigos de la agresividad,
beligerancia o desprecio de sus padres entre
sí, tienen más probabilidades de mostrar
esta misma conducta en sus relaciones con
sus amigos.
Al carecer de
modelos que les enseñen cómo escuchar con
empatía y resolver los problemas en forma
cooperativa, los niños siguen el libreto que
sus padres les han enseñado, un libreto que
afirma que la hostilidad y la actitud
defensiva son respuestas adecuadas para el
conflicto que la gente agresiva consigue lo
que quiere.
Cuidado! Los niños sufren...