Uno de los
peligros mayores a los que se enfrentan los
niños de hoy en día es el desequilibrio en
la alimentación diaria. Este desequilibrio
se plasma en una carencia o insuficiencia en
la ingesta de verduras, frutas, cereales y
legumbres; y un exceso de productos
elaborados industrialmente (bollería, comida
rápida, etc...)
Parte de la
culpa de este desequilibrio la tienen los
padres, pues generalmente por las prisas o
por cansancio suelen acudir con frecuencia a
este tipo de productos, especialmente a la
hora del desayuno o la merienda. Sin
embargo, lo único que estamos generando así
es una pauta de comportamiento en nuestros
hijos negativa a largo plazo, pues crecerán
con la idea del recurso fácil a este tipo de
alimentación.
Ni mucho menos
se trata de obligar a los niños a comerse
aquellos productos que aunque saludables, no
les gusten. Está demostrado que
psicológicamente obligar a comer ciertos
productos, ayuda a desarrollar a largo plazo
una fobia hacia ellos, de manera que los
efectos serían todavía más negativos que el
hecho de no comer determinado producto.
Hay que
incentivar la alimentación equilibrada y
saludable de nuestros hijos haciéndoles
comprender que es lo mejor para ellos. Una
de las claves será el propio ejemplo que den
los padres. Así, si desde el primer momento
nos observan preocupados por llevar una
buena y correcta alimentación comprenderán
que no es algo para tomarse a la ligera y
que merece un poco de atención.
Otra idea muy
sugerente es hacerles participar en la
elaboración de algún plato. Cuando los niños
participan, se lo toman como un juego
divertido ayudándoles a desarrollar su
creatividad y abrir su mente a nuevos
sabores. Y en este sentido, también resulta
muy útil llevar a los niños a diferentes
restaurantes de comida típica para que
desarrollen un paladar sin límites en el que
lo único sabroso no sea el azúcar y la
comida frita.
Este tipo de
pautas, además de mantener la salud física
de nuestros hijos, nos ayuda a mantener una
buena salud psicológica, ya no sólo la
derivada del tiempo que pasamos con ellos en
la cocina o en un restaurante, sino también
que les ayuda a comprender los beneficios de
una dieta equilibrada, previniendo así
enfermedades como la bulimia o la anorexia.
En conclusión,
los padres deben hacerse la pregunta ¿qué
tipo de adulto quiero que sea mi hijo? Y
actuar en consecuencia a la respuesta.
Además, sería muy interesante informarse
adecuadamente con un especialista en
nutrición, para que no se nos olvide nada.