No hay que
alarmarse si el niño de forma puntual y
existiendo una causa justificada de repente
habla peor o deja de hablar en algunas
ocasiones, esto puede deberse a un problema
de celos, de nervios por un cambio
importante en la vida del niño o en la
familia, etc. Si se trata de algo así pasará
sin más, el niño volverá a expresarse sin
dificultad en poco tiempo.
Sí hay que estar
más atento cuando el problema se hace más
intenso en calidad y en tiempo, por ejemplo,
cuando el niño tiene de uno a dos años y
observamos que no responde a nuestras
preguntas con respuestas cortas o no es
capaz de reconocer objetos sencillos y
pedirlos con señales. Cuando es algo mayor
podemos darnos cuenta que existe un problema
real cuando teniendo edad de pronunciar
claramente algunas palabras sencillas, no lo
hace o bien se expresa con dificultad de
manera que no se entiende lo que dice.
Cuando el niño
crece es más identificable el problema ya
que tiene un lenguaje más o menos fluido y
observaremos cómo al hablar repite de forma
muy rápida varias veces una sílaba de una
palabra que quiere pronunciar, alarga el
sonido de las vocales más de lo normal o
incluso tiene dificultades a la hora de
pronunciar algunas consonantes.
¿Cuál es la
causa de esta disfunción en el habla? Los
especialistas que han estudiado el tema
creen que la tartamudez se debe a la
alteración de un gen, de manera que se
tendrá más o menos disposición a sufrirla si
existen antecedentes familiares.
También podría
deberse a algún tipo de anomalía a nivel
cerebral, ya que se ha demostrado mediante
pruebas en personas que sufren este
trastorno, que algunas zonas de este órgano
muestran alteraciones mientras el niño
intenta expresarse.
Lo que los
logopedas recomiendan es no esperar
demasiado tiempo para acudir a un
especialista, puesto que debe corregirse en
la primera etapa del desarrollo del niño y
ésta acaba a los seis años. Y sobre todo,
darle la justa importancia al problema, sin
enfadarse con el niño ni atosigarle para que
pronuncie bien, ello no conduciría a nada
positivo, al contrario, podría crearle un
estrés o ansiedad que en nada favorece su
curación.
Si el
tratamiento es posterior a esta edad, es de
difícil solución, aunque existen casos en
que con el tiempo puede solventarse por sí
solo.