Los chirlos o
palmadas no solucionan en nada la situación
y recuerde que quien pega a un niño está
enseñando a ese niño a pegar.
La presencia de berrinches, rabietas, crisis
de llanto, es habitual en niños pequeños
desde el año y medio hasta los 3 a 4 años de
vida.
Estos patrones de conducta se relacionan con
la época de vida del niño, época en la cual
se siente más independiente, con deseos de
autonomía y marcado egocéntrismo.
Se dice que a
dicha edad están en plena etapa del
desarrollo de ego (yo) y del negativismo
(todo o casi todo es no).
El conocer esto
es de capital importancia para realizar un
buen manejo de los primeros episodios de
berrinches para evitar crear un mal hábito y
saber controlar los próximos si se
produjeran nuevamente.
En la aparición
de estos episodios, intervienen además de la
personalidad del niño y los cambios que en
él se generan, otros factores a los cuales
se los debe trabajar con el objeto de
modificarlos.
Entre estos
factores se destacan la sobreprotección, una
disciplina demasiado estricta y rígida, el
cansancio de los padres, la impaciencia y el
mal humor.
Es muy
importante que los padres mantengan una
actitud coherente y constante, debiendo
estar entre sí de acuerdo en el manejo del
niño con berrinches y rabietas.
La actitud que
que asuman los padres en esos momentos es
fundamental ya que dependerá en gran parte
como el niño se comporte en el futuro.
No responder con
agresión, ni perder los estribos ya que esto
genera más inseguridad en el niño y por
consiguiente persistencia del problema.
Además los niños imitan estas actitudes de
violencia (tirar objetos, pegar a otros
niños, etc.)
• QUE HACER ?
1) No perder el control de la
situación, mantener la calma, con padres
controlados y tranquilos, los niños seguirán
el ejemplo.
2) En el
momento del episodio, es correcto mantener
una actitud de indiferencia, ya que el niño
a pesar de los intentos de hablarle no
escuchará nada ya que su llanto no se lo
permite.
3) Es
necesario mostra firmeza (no duraeza ni
rigidez) que contenga al niño, darle el
tiempo y lugar para que se recupere.
4) Si la
situación se revierte es importante no
concederle lo que quería previamente.
5) Se le
debe dar la oportunidad de elegir
actividades u opciones que sean aceptadas
por los progenitores. De este modo el niño
con deseos de autonomía pero que aún no sabe
de su manejo y control, no se sentirá
impotente, atenuando así sus sentimientos de
frustración.
6) Se le
puede alzar, darle seguridad y afecto una
vez pasado el episodio, pero no
recompensarlo con "premios" (golosinas o
juguetes)si se porta bien.
Esto es para no confundir al niño creando un
circulo vicioso de: Berrinches=Premio.
7) De
continuar con esta actitud de rabieta y
llanto descontrolado, a pesar de lo
anteriormente expuesto, los padres podrán
decidir dejarlo en su habitación u otro
lugar adecuado y cercano de sus padres hasta
que el niño revierta su conducta
(Penitencia).
COMENTARIO FINAL
No hay dudas que si los padres son
pacientes, sensatos, con buen tacto y
sentido del humor, el manejo y la aparición
de berrinches y rabietas serán un hecho
aislado.
Pero es necesario remarcar que estos
episodios son patrones de conducta normal en
los niños pequeños que ayudan a forjar la
personalidad y su carácter.
Todos los niños necesitan ser guiados en sus
pautas para la sociabilización más adecuada.
Los padres son los encargados de enseñar con
el ejemplo además de las palabras.
La violencia genera violencia e inseguridad.