El problema es
que ninguna mujer, por muy regular que sea,
tiene ciclos absolutamente iguales, por lo
que es necesario que durante seis meses o un
año, la mujer observe continuamente sus
ciclos para hacer un cálculo del más largo y
el más corto. De esta forma, podrá
establecer un periodo más fiable sobre sus
días fértiles. Uno de los mayores
inconvenientes es que comporta altos índices
de fracasos; por esa razón no es demasiado
utilizado.