El quiste se
define como una formación patológica con
contenido líquido, y a veces elementos
sólidos, limitado por una pared. En la mujer
el tipo de quiste más extendido es el que se
forma sobre la superficie del ovario o al
lado de él. En general, suelen ser pequeños,
pero pueden crecer e interferir con los
ciclos ováricos: es decir, con la producción
de hormonas.
La estadística
nos dice que una de cada dos mil mujeres se
ve afectada por ellos. No se observa la
aparición de síntomas que alerten a la mujer
de su presencia, casi siempre se descubren
después de una exploración rutinaria
(chequeo anual) o una ecografía. Si aumenta
en tamaño puede causar hinchazón abdominal,
dolor, hemorragias vaginales o el aumento de
vello o pelo en el cuerpo. El mejor remedio
para combatirlos es la extirpación. Si ya no
desea tener más familia o ha pasado la
menopausia, lo más recomendable puede ser
extirpar ambos ovarios y en algunos casos,
también el útero. En cualquier caso, es el
ginecólogo quien tras mantener las oportunas
conversaciones, aconsejará qué hacer.
Existen varios
tipos de quistes, entre los que podemos
distinguir los no tumorales de los
tumorales. El tumor ovárico representa uno
de los mayores desafíos diagnósticos y
terapéuticos para el ginecólogo. Aunque a
veces pueden producir dolor o
irregularidades menstruales, en otras
ocasiones presentan escasas manifestaciones
clínicas que orienten a un diagnóstico
precoz.
Los quistes
ováricos no tumorales son los quistes de
inclusión germinal. Son frecuentes, no
funcionales, de pequeño tamaño y carecen de
importancia, si son grandes se aconseja la
extirpación quirúrgica. Los quistes
foliculares se desarrollan por
sobreestimulación de la glándula hipófisis
sobre el ovario. Suelen regresar solos en
semanas o meses. Cuando persisten, pueden
secretar estrógenos (hormonas sexuales
femeninas), lo que puede llevar a sangrado
irregular. El tratamiento para ellos
consiste en la observación, la toma de
anticonceptivos orales y la resección del
quiste si persiste más de ocho semanas.
El quiste del
cuerpo lúteo se produce por cambios
hormonales que ocurren como efecto de una
hemorragia excesiva en la ovulación (entre
dos reglas) La pared del quiste puede
romperse, dando síntomas muy similares a los
de un embarazo ectópico. El tratamiento, en
este caso, pasa por la extirpación
quirúrgica en caso de rotura.
Los quistes
luteínicos de la teca coinciden con una
enfermedad del útero llamada mola
hidatidiforme. Son quistes bilaterales de
más de quince cm de diámetro. No requieren
tratamiento; los quistes suelen reabsorberse
cuando se trata la causa primaria
(extirpación de la mola).
Tumores benignos
Uno de los tumores derivados del epitelio
colómico es el cistadenoma seroso. El
setenta por ciento de los tumores serosos
son benignos. Es un quiste de paredes
delgadas, de contenido acuoso, y superficie
lisa. Otro es el cistadenoma mucinoso.
Constituyen del quince al veinticinco por
ciento de todos los tumores del ovario y la
mayor parte son benignos. Son los tumores
ováricos de mayor tamaño (casos de cuarenta
y cinco a ciento treinta Kg.), en ocasiones
bilaterales, son masas redondas u ovoides,
con superficie lisa, translúcida, de color
gris azulado. El interior está dividido por
tabiques y contiene líquido mucinoso espeso
y viscoso.
También está el
endometrioma. Pueden ser únicos o múltiples
y con adherencias a la superficie. Contienen
un líquido espeso color chocolate. Si son de
gran tamaño el tratamiento es quirúrgico.
Otro tipo lo
constituyen los tumores sólidos, que
aparecen muy raramente. El más frecuente es
el fibroma ovárico, que a veces se asocia
con acúmulo de líquido en la pleura
(membrana que rodea a los pulmones) y el
peritoneo (membrana que rodea a los
intestinos), en el llamado síndrome de Meigs.
Finalmente, los
teratomas constituyen el quince por ciento
de los tumores del ovario, se presentan en
las tres primeras décadas de la vida y el
ochenta por ciento en edad reproductiva. La
práctica totalidad de ellos son benignos.
Por su origen embrionario, muestran un
extraño contenido basado en material sebáceo
mezclado con pelo, cartílago, hueso y
dientes. La ecografía pélvica (examen con
ultrasonidos) y las radiografías son de gran
valor al detectar la presencia de dientes o
calcificaciones. El tratamiento es la
extirpación quirúrgica.
Tratamiento
Se debe realizar una exploración física
completa, tanto ecográfica como pélvica, la
tomografía axial computarizada. Además, de
la laparoscopia, consistente en un examen
directo del abdomen con fibra óptica a
través de una pequeña incisión en la pared
abdominal. Se hace bajo anestesia regional,
epidural. Puede estar indicada si se
sospecha una lesión seria. También se puede
hacer una laparotomía exploradora, es decir,
una intervención quirúrgica sobre el abdomen
para diagnosticar y en su caso, tratar,
quistes o tumores del ovario.
El tratamiento
de los tumores benignos del ovario es la
salpingooforectomía (extirpación quirúrgica
de los ovarios y las trompas de falopio
afectadas). En mujeres jóvenes, y en todas
aquellas que interese la función
reproductiva, el ginecólogo realizará una
extirpación cuidadosa del quiste o tumor con
reconstrucción posterior del ovario, siempre
que ello sea posible. En pacientes pre o
postmenopáusicas, se extirpará toda la
matriz junto a los dos ovarios y las trompas
de falopio.