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Practicar un
masaje a nuestra pareja puede parecer a simple
vista que se trate de un juego erótico antesala
de una relación sexual. Sin embargo, un masaje
puede constituir en sí mismo una liberación de
tensión reduciendo así cualquier tipo de
congestión que pueda haber en los músculos.
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Masaje en las nalgas
Este masaje resulta muy agradable y con un
alto efecto relajante, ya que normalmente
pasamos gran parte de nuestro tiempo
sentados, con lo que siempre esta zona se
halla completamente presionada.
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Hay que situarse de
rodillas al lado de nuestra pareja de
forma que podamos extender cómodamente
las manos por la espalda y las nalgas de
nuestro compañero. La cama es un sitio
cómodo donde realizar este tipo de
masajes. Es importante empezar el masaje
por la parte superior de la espalda para
ir bajando despacio hasta llegar a la
zona de las nalgas, una vez allí
deslizar las palmas de las manos
suavemente por ellas varias veces, sin
empezar todavía el masaje.
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Para empezar
untaremos nuestras manos con aceite
colocándolas encima de las nalgas, por
la parte superior, dejaremos caer las
manos sin tensión, de forma que se
adapten a la piel, arrastrándolas por
ella girando primero hacia las caderas y
volviendo a subir hacia arriba de la
nalga.
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Los giros han de ser
abiertos describiendo una vuelta grande,
de forma que describamos la redondez de
la nalga, subiendo cada vez desde el
surco divisorio y volviendo a bajar
masajeando a su vez la cadera apoyada en
la cama. Resulta muy satisfactorio
realizar el masaje con los dedos lo más
abiertos posible, de forma que la palma
de la mano abarque el mayor espacio.
Masaje en el hueso sacro
El sacro es un hueso de forma triangular que
acaba donde empieza la división de las
nalgas. Mucha gente se queja de dolor en esa
zona ya que es un hueso que soporta mucha
presión.
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Empezamos un masaje
distensorio, de la misma forma que el
anterior, de rodillas a un lado de
nuestra pareja apoyamos nuestras manos
encima del hueso, justo encima del surco
que divide los glúteos. Colocamos una
mano encima de la otra para ejercer un
poco más de presión y empezamos a
masajear la zona en forma circular, pero
dando vueltas grandes cercando todo el
hueso, sin presionar demasiado.
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La presión sobre la
piel debe hacerse con la yema de los
dedos y puede ejercerse con más o menos
fuerza dependiendo de nuestra pareja. El
masaje nunca debe hacerse con prisa, al
contrario, los movimientos para que
resulten más placenteros han de ser lo
más lentos posible. Realizamos este
movimiento varias veces, acabando con un
masaje en las nalgas tal como hemos
descrito anteriormente.
Con este tipo de
masajes aparte de conseguir una relajación
muscular también se consigue favorecer la
eliminación de productos tóxicos y grasa a
través de la sangre, depositada en
determinadas zonas, ya que con el masaje se
favorece su circulación y por tanto, su
eliminación con el resto de deshechos.
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