La mujer ha
utilizado diferentes herramientas a lo largo
de la historia para seducir a los hombres,
desde abanicos, misales, rosarios...
Múltiples armas que conseguían superar las
barreras de la moralidad.
Otro elemento indispensable ha sido siempre
la ropa, las mantillas, velos o mantos, que
podían enmarcar, realzar u ocultar un
rostro. La ropa, el movimiento y la posición
de la prenda han sido mensajes de amor para
muchos. Son numerosas las prendas fetiches:
zapatos, cinturones, joyas, camisas y, por
supuesto, la ropa interior. Todos ellos
adornos, para el más precioso regalo.
En el
cortejo inicial
Evidentemente, es necesaria la seguridad en
nosotras mismas. Esto nos dará los pilares
suficientes para seducir o ser seducidas. El
cortejo humano sigue unas fases precisas y
es una auténtica danza de acoplamiento entre
hombre y mujer. Puede durar años, días o
incluso horas.
Uno de los
métodos más utilizados por la mujer es la
mirada. Los ojos son el espejo del alma.
Cuántos hombres habrán sucumbido a una caída
de ojos o a una fogosa forma de mirar. No
podemos olvidar, que la percepción visual es
el primer contacto con el otro. Una mirada
puede ser todo un universo comunicativo.
Otro de los
elementos utilizados en la seducción es la
sonrisa. Ésta se convierte en un modo de
afirmar o denegar nuestro interés hacia el
otro. Es una sutil y sugerente forma de
comunicación entre ambas personas. Se puede
conseguir mucho más de lo que se espera con
una sonrisa en un momento justo. La sonrisa,
marca los músculos de la cara, los rasgos
más importantes como la boca y los ojos
toman en este gesto una posición agradable y
armoniosa que suele embellecer el rostro.
Es, además, un gesto positivo, de
aprobación.
El
poder de las palabras
La voz y las palabras son otro modo de
seducir; es tan importante lo que decimos
como lo que no decimos. Nuestros gestos con
las manos, nuestra postura, todo acompaña.
Pero, sin duda, a todo ello acompaña la voz
de la mujer. Sus palabras, el tono de su
voz, deben convertirse en dulce melodía a
los oídos del interesado.
Si bien, a
partir de este punto, todo intento de
relación pasa por el contacto físico. Un
simple roce despierta en nuestro organismo
numerosas corrientes nerviosas. De hecho,
las mujeres suelen responder a las caricias
de manera más intensa que los hombres,
aunque cada individuo cuenta con su
topografía corporal.
Cuando un hombre
se acerca a una mujer, aunque ésta esté
receptiva, ella normalmente actuará a la
defensiva. Tras intercambiar algunas
palabras, la mujer suele tomar la
determinación de cortar ese cortejo o
continuarlo, independientemente de que ella
desee una relación con el otro. El
conocimiento del otro nos permite ampliar
nuestras posibilidades.
Por
el estómago...
La convivencia, la amistad, el sexo y la
comida son componentes esenciales de toda
relación. No es del todo extraño que se diga
que a un hombre se le conquista por el
estómago, ya que lo que comes y cómo lo
comes tiene una relación directa sobre las
hormonas, tu energía o tu nivel de estrés,
factores muy influyentes en las relaciones
sexuales.
Si unimos todos
estos elementos y un mutuo interés podremos
conseguir nuestro objetivo. Siempre es
eficaz para una noche romántica aliñar
nuestros encantos con ropa sexy, miradas
envolventes, un buen ambiente, música, una
buena cena y ya está... listo para servir.