El deseo sexual
está influido por una serie de elementos,
que pueden ser orgánicos, psicológicos,
cognitivos y ambientales.
La motivación
juega un rol no despreciable, ya que no es
simplemente la necesidad de satisfacer una
necesidad biológica, sino que debe existir
una conexión con el otro, de sentirse amado,
seguro, acompañado, siendo estos una serie
de elementos que llevan al individuo a
sentir deseo sexual por su pareja y la no
presencia de este deseo debe entenderse bajo
la óptica de que existen múltiples elementos
que lo condicionan y que deben ser aclarados
con el fin de dar una solución precisa al
problema.
La excitación
sexual se puede desencadenar por un
sinnúmero de mecanismos que estimulen
cualquiera de nuestros sentidos y van en
directa relación con las experiencias
vividas. Esto desencadena una respuesta
fisiológica tanto en el hombre como en la
mujer.
En el hombre se
produce la señal más visible y que es la
erección peneana, y esta se produce
fundamentalmente por un cambio en la
circulación arterial y venosa, en respuesta
a un estímulo nervioso. En relación a la
rapidez con que se alcanza la erección
depende de cada individuo, pero los jóvenes
tienden a tener erecciones más rápidas que
los de mayor edad, que requieren de mayor
estímulo para lograrla, sin que esto sea un
hecho patológico. También se debe señalar
que durante el juego erótico, la erección
puede disminuir o incluso perderse, pero
esto es parte de la respuesta normal; ahora
si esto se produce con mayor frecuencia e
impide tener una vida sexual activa y
satisfactoria, ya se ha transformado en un
hecho patológico que puede ser orgánico o
funcional y que debe ser manejado por el
especialista. Otros cambios ha mencionar
son: la contracción sostenida del Dartos en
el escroto, que se traduce en el ascenso
testicular, el aumento del ritmo cardiaco,
de la presión arterial y del tono
neuromuscular en general.
En las
mujeres, el elemento que se podría
emular con la erección peneana es la
lubricación vaginal, que es el resultado
directo del incremento de flujo sanguíneo a
nivel pélvico, que producen una
vasodilatación en las paredes de la vagina y
se produciría mayor lubricación vaginal.
En los genitales
externos se hinchan los labios mayores y
menores. En el clítoris se produce una
erección progresiva. En relación a la
estimulación clitorídea cabe, mencionar que
es un elemento muy excitante, sin embargo en
los estudios se ha establecido que la
mayoría de las mujeres no lo disfruta si no
ha comenzado previamente el juego erótico,
que consiste en abrazos, caricias y besos;
el estímulo vigoroso del clítoris puede
producir incluso dolor; es por ello que se
recomienda la estimulación vecina al
clítoris. En relación a los cambios que se
producen en las mamas, sería el aumento de
tamaño y erección de los pezones. También
hay aumento del ritmo cardiaco, de la
presión arterial y del tono neuromuscular en
general.
En la fase de
meseta la característica para ambos sexos es
la presencia de un nivel alto y sostenido de
tensión sexual, el que además es de corta
duración.
En el
hombre aumenta la rigidez peneana y
se produce un incremento en el tamaño del
glande, los testículos alcanzan su ascenso
máximo y se produce la eliminación de un
fluido preeyaculatorio, el cual provendría
de las glándulas de Cowper. Con el propósito
de aumentar los niveles de excitación se
puede proceder a realizar contracciones de
la musculatura pelviana, lo que por
añadidura acelerará el momento de la
eyaculación.
En las
mujeres, se produce lo que se
conoce como plataforma orgásmica, lo que en
definitiva es un aumento de volumen del
tercio exterior de la vagina, secundario a
la vasodilatación de esa zona. Esto produce
una disminución del lumen vaginal y mayor
contacto entre los genitales, lo que
desmistifica el grosor del pene, ya que el
lumen se adaptaría al grosor peneano.
En relación a la
lubricación vaginal esta aumenta, aunque si
el estímulo es demasiado prolongado, la
lubricación podría disminuir en forma
considerable e incluso detenerse. Esto
equivaldría a la perdida de erección en el
hombre y sería una respuesta normal. El
fondo vaginal aumenta su ancho y
profundidad; además existen menos
terminaciones nerviosas, por lo que la
profundidad de la penetración no aumenta la
sensación placentera y además desmistifica
el hecho que un pene largo podría entregar
más placer sexual.
Aumentan de
volumen el clítoris y los labios mayores y
menores y glándulas mamarias.
Orgasmo: Si la estimulación
sexual aumenta, se alcanzan niveles de
tensión sexual elevados, los que llevan al
umbral del orgasmo, desencadenando
posteriormente una serie de reflejos, que en
su conjunto constituyen las sensaciones
orgásmicas.
En el
hombre, el orgasmo se divide en dos etapas:
la primera es la emisión de semen a
nivel de la uretra prostática, entre el
esfínter estríado y liso; esto se produce
por contracciones rítmicas cada 0.8 seg. de
la glándula prostática y vesículas
seminales, lo que produce aumento de la
presión de la uretra prostática,
manifestándose la sensación de eyaculación
inminente, que no se puede detener, ya que
los mecanismos reflejos ya fueron
desencadenados. Secundariamente se produce
la eyaculación propiamente tal, que es la
contracción rítmica de la musculatura de la
uretra bulbar, de la glándula prostática,
vesículas seminales y de músculos de la base
del pene, además de una serie de sensaciones
neurovegetativas que comprometen todo el
cuerpo.
En las
mujeres no existe una sensación que
emule el punto de eyaculación inminente. Lo
que se ha encontrado es un repentino
estallido de calor y placer a nivel
clitorídeo y de la plataforma orgásmica y
que luego se propaga por todo el cuerpo;
además se desencadenan una serie de
contracciones involuntarias de la
musculatura en distintas partes del cuerpo,
pero con mayor intensidad a nivel de la
plataforma orgásmica y del útero; incluso se
ha descrito la pérdida de los sentidos por
escasos segundos. Algunas mujeres, luego de
la primera sensación orgásmica, pueden
repetirla en varias ocasiones, si los
estímulos sexuales persisten, lo que se
conoce como mujeres multiorgásmicas. La
ausencia o presencia de este hecho no
constituye una anormalidad.
El período de
resolución consiste en que los cambios
generados por la excitación sexual vuelven a
su estado previo. En el hombre la parte
inicial de esta fase es el período
refractario absoluto, que es muy corto en la
juventud y aumenta progresivamente con los
años. También se ha encontrado que este
tiende a alargarse con el mayor número de
eyaculaciones al día.