He querido no
emplear la palabra "frigidez" para hablar de
la falta de respuesta sexual a las caricias,
ya que ha sido muy mal empleada. Una mujer
puede tener una inhibición persistente de la
excitación sexual durante el acto sexual
normal y manifestar no solamente una
carencia de orgasmo sino también una falta
absoluta de lubricación de sus órganos
sexuales.
El principal problema que nos encontramos
para la curación es precisamente ese, que
para muchas mujeres no es un problema; es
más, para muchas es un motivo de relax y
desprecio hacia los hombres. Suelen comentar
con desenfado: "Si por mí fuera nunca haría
el amor", "Yo, hace tiempo que paso de sexo,
no lo necesito" o "En mi vida he sentido un
orgasmo". A estos comentarios realizados
casi siempre entre mujeres suelen unirse
otros que aseguran que el problema es porque
"Tu marido no te lo sabe hacer", "Búscate un
hombre experto y verás" o "Sé infiel y no
mires con quién".
Y es que desde aquella estúpida frase del
Dr. Marañón "No hay mujer frígida, sino
hombre inexperto", las mujeres que no han
sentido en su vida placer sexual se han
buscado su coartada: la culpa es del hombre.
Mientras que las patologías sexuales del
varón se atribuyen exclusivamente a él, a su
cuerpo, su mente o su pene, y nadie busca la
causa principal en una pareja tan
desagradable que ni un adoquín se acostaría
con ella, cuando de frigidez femenina se
trata la culpa se le atribuye siempre al
varón.
Las causas
La mayoría de las veces el problema es de
índole psíquica, no orgánico. Puede ocurrir
que las primeras experiencias sexuales hayan
sido nefastas, hasta desagradables, y que en
la mente frágil de esa mujer no haya un
lugar para la mala suerte, sino que piense
desde ese momento que la sexualidad es así.
A partir de entonces y aunque afectivamente
desee al varón y hasta socialmente pueda ser
una buena compañera, cada nueva experiencia
sexual supondrá, por lo menos, un
sacrificio. Si a esto añadimos que su mala
formación en materia de sexo hace que no
comprenda la verdadera naturaleza del
problema y no desee solucionarlo, o que
piensen que a su pareja le basta con tener
él solito su orgasmo, tenemos ya una
candidata eterna al grupo de mujeres
frígidas incurables.
En estos tiempos ya no sirven excusas como
la ignorancia o la falta de pericia del
compañero, ya que ambos son perfectamente
solucionables en pocos días mediante un
asesor o un buen libro. Estas mujeres
tienen, además, un desprecio por las
relaciones sexuales de los demás, no gustan
de ver escenas eróticas en el cine, y
cualquier intento de su pareja por iniciar
una orgía improvisada en el cuarto de baño
acaba en bronca. No le gustan las guarradas.
Indudablemente hay otras causas más
razonables y comprensibles, como son los
estados depresivos (¿crónicos?) las peleas
de pareja continuadas, los apuros
económicos, la falta de intimidad (vivir
muchos años en casa de los padres es siempre
un factor de riesgo), las enfermedades y,
por supuesto, la repulsa hacia el compañero.
Entre las enfermedades que pueden causar
ausencia de placer sexual y, por tanto, de
orgasmo, tenemos al hipotiroidismo, la
diabetes, la esclerosis múltiple, la
cistitis, la menopausia, la endometrosis o
la distrofia muscular. En cuanto a los
fármacos negativos están los anticonceptivos
orales, los antihipertensivos y los
tranquilizantes, siendo misión del médico
advertir a su paciente que no se extrañe por
la ausencia de orgasmos, evitando así que se
devane los sesos buscando causas
psicológicas o traumatismos infantiles.
También se ha observado esta falta de
respuesta sexual después de una
histerectomía o mastectomía, ya que el
impacto emocional que causan en la mujer es
enorme y en muchas las conduce a una apatía
muy profunda, hasta el punto en que rechazan
absolutamente al varón.
Por último, la causa fisiológica más normal
es la atrofia genital que se produce en la
vejez y que es más acentuada en aquellas
mujeres que hace tiempo renunciaron al sexo,
bien sea por enviudar o por falta de
estimulo. Sin embargo, en la mayoría de los
casos no se puede hablar de una frigidez
absoluta si aún persisten la necesidad de
abrazar, besar y hasta mantener todo el
preludio que precede al coito. En estos
casos puede existir una vida sexual
satisfactoria, que agrade al menos a la
mujer, y no constituir ninguna patología a
tratar. Sería como aquellas personas que sin
estar enfermas, eligen voluntariamente y sin
problema renunciar al sexo, opción ésta tan
respetable como la de aquellas que se
dedican toda la vida a un sólo hombre o las
que prefieren cambiar de pareja cada fin de
semana.
Las soluciones
Ahora supongamos que la mujer en cuestión no
está satisfecha con su ausencia de orgasmos,
desea transportarse de vez en cuando a ese
Séptimo Cielo, y busca alguien que le
solucione su problema.
Lo primero que hay que diferenciar es si
solamente tiene una ausencia de orgasmos o
si ni siquiera tiene excitación sexual. Lo
más normal, o lo más habitual, es la
inhibición del orgasmo después de una fase
de excitación sexual aceptable o, cuando
menos, una inclinación favorable a mantener
relaciones sexuales.
En las mujeres jóvenes no es frecuente
encontrar una ausencia total del deseo de
mantener relaciones sexuales, ya que esta
característica se da habitualmente después
de la menopausia y, especialmente, en
mujeres viudas.
Se considera que aproximadamente un 10% de
las mujeres no consiguen alcanzar el orgasmo
a través de ningún tipo de excitación o
persona, aunque también se cree que la
mayoría de ellas consiguen altas sensaciones
placenteras mediante la estimulación del
clítoris. Y así llegamos a la abultada cifra
de un 50% de mujeres que no logran alcanzar
el orgasmo mediante el coito, aunque no hay
que considerar estas cifras como seguras,
dada la gran tendencia de las personas a
mentir en las encuestas.
Por ello nos encontramos con un grupo muy
alto de mujeres que responden a la
estimulación del clítoris, por sí mismas o
mediante una pareja, pero no consiguen pasar
de esa fase de excitación, siendo este grupo
el más numeroso y el que con más facilidad
acude a las consultas. En ellas se sacan a
la luz una serie de defectos en su relación,
como puede ser un estímulo sexual inadecuado
(por defecto, motivación o técnica), así una
ignorancia compartida con su pareja relativa
a la anatomía femenina y cómo manipular las
zonas erógenas. También, el convencimiento
de que su compañero no podrá completar el
acto por padecer impotencia o eyaculación
precoz, le conducirá a un resentimiento o
aversión que la bloqueará desde los
comienzos. Estas mujeres son presas fáciles
de personas ansiosas de conquistas rápidas y
de amigas amargadas que tratan de sentirse
mejor compartiendo penas y rencores. En este
caso, las nuevas experiencias no tienen
porqué ser mejores (dada la premura conque
se llevan a cabo suelen ser desastrosas) y
la falta de afectividad sincera en ellas
conduce a la mujer a un callejón de difícil
retorno.
Si después de una larga temporada de
ausencia de excitación sexual y orgasmos
consigue un día uno placentero, es posible
que tampoco se sienta a gusto con ello ya
que para ella el abandono de las
inhibiciones, los gemidos y las secreciones
propias del orgasmo la causan desagrado y
prefiera volver a la situación anterior en
la cual tenía el control absoluto de sus
emociones. Este caso es muy frecuente en
mujeres con un alto nivel intelectual y
cultural, acostumbradas a tomar sus propias
decisiones, para las cuales el perder el
sentido durante el acto sexual y sentirse
solamente "hembra", les causa un sentimiento
de desagrado y prefieren volver cuanto antes
a la situación anterior o al menos no perder
el control de sus actos delante de otra
persona. Si sus convicciones feministas son
muy radicales le será muy difícil aceptar
esa dependencia sexual y afectiva hacia un
hombre, prefiriendo renunciar a ello con tal
de seguir con su independencia.
En el supuesto de que nos encontremos con
una mujer con pareja estable,
psicológicamente equilibrada y que desee
alcanzar una plenitud sexual, el tratamiento
debe ir unido al diálogo con ambos miembros.
Primero se les indicará la parte puramente
técnica de la excitación sexual, con las
caricias no genitales, la estimulación
directa y posteriormente el coito. No se
debe pasar al estado siguiente mientras no
se domine totalmente el anterior.
De lo que se trata es no tanto de que su
pareja conozca las técnicas para estimularla
(eso convertiría al hombre en una máquina de
dar placer), sino en que la mujer conozca
mejor su cuerpo y su respuesta a los
estímulos. También deberá aprender que la
satisfacción sexual la puede lograr también
mediante la estimulación a su compañero y no
solamente con su propia piel.
Remedios
Buenos
afrodisiacos para la mujer son: Canela,
Damiana, Menta y Eleuterococo. También son
especialmente estimulantes el champán, el
Ginkgo Biloba y el Pippermint.