HISTORIA
Aristóteles ya
hablaba de la existencia de una especie de
eyaculación femenina, fuertemente
relacionada en la actualidad con la
existencia del Punto G.
Mary Jane Sherfrey, Helen Singer Kaplan,
Lonnie Barbach, William H. Masters y otros
investigadores de la vida sexual fueron los
pioneros del descubrimiento de Gräfenberg.
Masters y Johnson observaron en 1966 la
existencia de sustancias lubrificadoras
secretadas por la vagina en proporción
directa a la excitación de la mujer.
Cuando las
contracciones musculares del entorno de la
vagina son lo suficientemente vigorosas,
estas sustancias pueden ser expulsadas al
exterior en lo que ha dado en llamarse
eyaculación femenina.
FISIOLOGÍA
Las conclusiones de estos estudios
fueron ratificadas por el sexólogo Addiego
en 1980, que los completó con la observación
de que en algunos casos la llamada
eyaculación se producía por un reflejo
espontáneo del área de producción de la
vagina. Para lograrlo era preciso efectuar
la estimulación en el lugar adecuado.
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Este
punto se encuentra situado en la
cara anterior de la vagina, a medio
camino entre el hueso del pubis y el
cuello uterino, a unos tres
centímetros del exterior de la
vagina. Ya en 1960 el doctor
Gräfenberg había descrito esta zona,
capaz de producir en sus tejidos una
erección muy similar a la del glande
masculino y de segregar una
sustancia blanquecina e inodora
similar a la producida en la
próstata masculina. |
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Aunque aún no se
ha demostrado, parece que esta sustancia es
expulsada a presión por la uretra después de
haberse formado en las llamadas glándulas
periuretrales, embriológicamente
emparentadas con la próstata masculina, y
que se sitúan en la zona de Gräfenberg.
Las encuestas
más recientes sitúan entre el 30 y el 54 % a
las mujeres que admiten experimentar este
fenómeno.
ESTIMULACIÓN DEL PUNTO "G"
Para estimular el punto "G", apoye el
dedo suavemente y de una forma acompasada
sobre el punto tal y como se señala en el
dibujo, modificando el ritmo según el
resultado obtenido.
Este tipo de
caricia requiere de mucho tacto ya que el
hombre puede acelerar o ralentizar, aumentar
o reducir la presión y con ello hacer variar
el grado de excitación de su pareja.
Se recomienda
que para efectuar este tipo de caricias las
manos estén completamente limpias, las uñas
bien cortadas y limpias y no estaría de más
utilizar un poco de crema o aceite
lubricador a fin de hacerlas más suaves si
cabe.
Las sensaciones
obtenidas serán de menor intensidad que las
del orgasmo clitoroideo, pero permitirán un
orgasmo más rápido y mayor número de
repeticiones que también pueden ser
simultaneas con la estimulación del clítoris
y otras zonas erógenas.
La estimulación
del Punto G mediante la introducción del
pene resulta difícil si no se ayuda con la
estimulación manual, especialmente en
aquellas mujeres que tengan la vagina
distendida por los partos. Por su posición y
por la forma normal del pene, las posturas
más adecuadas para el coito, cuando se
pretende estimular esta zona, son aquellas
en las que la mujer está encima del hombre o
es penetrada por detrás.