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La práctica erótica
de la sensualidad, buscando experimentar el
mayor placer, es uno de los pilares de la
civilización hindú, y en el Kamasutra, se
compendia todo ese saber antiguo. |
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Con claridad,
Vatsayana, autor del Kamasutra, expone sobre
la sexualidad y las formas de hacer el amor,
como conocer al amante y buscar el goce,
técnicas amatorias, las distintas
posiciones, maneras de besar, rasguñar,
gemir, y prolongar el coito...
Reconocido como expresión de una exigencia
natural, el sexo se consideraba entre las
necesidades primarias: "las acciones
relacionadas con el Amor tienen la misma
naturaleza que la comida, ya que contribuyen
al sostenimiento del cuerpo". En una visión
de este tipo no sorprende que los abrazos de
los amantes sean considerados el placer
supremo en esta tierra, y que, por el
contrario, el amor insatisfecho evoque
abismos de sufrimiento.
El Kamasutra
es un tratado con intenciones
científicas y educativas, creado para
enseñar a los hombres y a las mujeres el
comportamiento que deben tener ante el
deseo, y cuyas indicaciones seguirán
para conseguir una feliz vida amorosa.
La función de la sensualidad está
definida en el conjunto de relaciones
entre los sexos, examinadas, con gran
despliegue de particulares, en todos sus
aspectos.
Toda la literatura sánscrita no
cesa de proponer como modelo a la
compañera satisfecha en una intimidad
sin egoísmos, y a la que se le
consiente, en caso contrario,
reivindicar sus derechos. Para
Vatsyayana éste es un punto firme.
Muchas de las partes del Kamasutra, en
particular la sección sobre el amor
físico, resultarían absolutamente
inconcebibles si en el plano erótico las
mujeres no fuesen consideradas a todos
los efectos iguales a los hombres.
El amor, por
tanto, tiene como base la sensualidad,
ocupa un puesto reconocido en la vida
del hombre y es la esencia de la mujer,
y en la satisfacción de éste ambos
pueden reclamar las mismas exigencias.
Por esto en la literatura normativa
brahmánica, donde como regla el
interlocutor es sólo el macho, el
Kamasutra se presenta como una clamorosa
excepción: es el único tratado que se
dirige, abiertamente, también a un
público femenino, y en él se invita a
las mujeres tanto a las nobles como a
las cortesanas a estudiarlo con
provecho.
Algunas posturas:
• El Misionero
Es una postura clásica,
sencilla y cómoda en la que la amante
permanece acostada, mientras él se
arrodilla entre sus muslos. El impulso
del hombre para lograr una penetración
honda hace que se acueste sobre la
mujer.
Esta es una postura ideal para conseguir
una penertración profunda sin riesgo de
roces incómodos en la vagina, incluso
cuando el pene es de un tamaño mayor del
habitual.
• La Somnolienta
Ella se tiende sobre uno de sus
costados, mientras él se cooca detrás,
deja que su pecho cubra la espalda de
ella y que el pene crezca entre las
nalgas de su compañera. La mujer eleva
la pierna que no está apoyada, abriendo
así el camino hacia su vagina
Ambos consiguen con esta forma una
postura placentera y cómoda. Para
equilibrar el movimiento del coito él
debe apoyar su mano libre por delante
del pecho de ella.
• El Atrapado
Él se estira de espaldas y con las
piernas prácticamente cerradas espera
pasivamente a que ella se siente sobre
él. Los pies de ella se apopyan
atrapando su cabeza, después estira y
abre ligeramente las piernas.
Apoya sus manos a ambos lados de las
piernas de su amante, mientras las manos
de él la toman por las caderas para
ayudarla en el movimiento
ascendente-descendente.
• La Carretilla
La mujer apoya los codos cerca
del borde de la cama y permanece con las
rodillas en el suelo, dándole la espalda
al hombre. Éste, de pie, la levanta
cogiéndola por los muslos. Se introduce
entre las piernas.
Es él quien lleva el control, todo el
estímulo se concentra en el contacto
genital. Las penetraciones profundas y
continuadas aumentan la excitación de
él; mientras tanto ella puede sentir más
si el pene es grueso o si él realiza
movimientos ascendentes y descendentes.
• La Araña
Ella se acuesta de espaldas con
las nalgas apoyadas en el borde de la
cama y deja caer las piernas sobre el
suelo. Luego espera ofreciendo todo su
cuerpo abierto. Él se arrodilla frente a
ella, se introduce entre sus piernas y
cogiéndola por los muslos con ambas
manos se apoya para impulsarse en la
penetración.
• La Provocadora
Ella se acuesta de espaldas con las
piernas ligeramente abiertas. Él se
tiende sobre ella, como si fuera la
postura del misionero. La mujer eleva
una pierna hasta llevarla hasta por
encima del pecho del hombre.
Para prolongar la excitación se deshace
del freno que ejerce la pierna de la
mujer, para así descender y poder
penetrarla mejor.
• Cara a Cara
La mujer se acuesta de espaldas, junta
las piernas. El hombre se arrodilla y
luego se estira sobre ella. La pareja
queda frente a frente. Él debería
apoyarse sobre sus manos para tener
mayor soporte a la hora de la
penetración.
Esta postura crea gran sensación, el
ángulo de apertura y la fricción que
crea el pene con el clítoris crea una
penetración muy intensa. Esta postura es
muy parecida a la postura 1, "El
misionero".
• La Posesión
Esta postura es muy similar a la
anterior, con la gran diferencia de que
ella se arrodillará sobre una mesa. Se
deberá de arrodillar mucho más,
colocando el culo hacia fuera lo más
posible, siendo este una dulce tentación
para el hombre. Es importante que antes
de realizar esta postura se haya
practicado otras posturas, para que la
vagina este muy bien lubricada.
• La Boa
Recostada boca arriba, abre y eleva las
piernas flexionadas, invitando a su
amante a poseerla. Él se tiende encima,
y la penetra plenamente, mientras ella
lo abraza cruzando las piernas a la
altura de la cintura y entrelaza los
brazos detrás de su cuello y espalda.
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