La clave es que
usted entienda que los problemas sexuales
tienen una causa y que ésta no tienen por
qué estar localizada solamente en los
órganos genitales. Todo puede influir: el
hecho de iniciar las relaciones a edades
tempranas o tardías, cómo se ha desarrollado
el aprendizaje sobre el sexo, los traumas
psicológicos, el modo en que se acepten las
tensiones de la vida, etc.
Posteriormente,
quizá su médico considere que usted debe
conocer los mecanismos fisiológicos que
conducen a la excitación sexual, como paso
previo para intentar tratar su problema.
Aquí es válido lo mencionado anteriormente.
La excitación
más básica parte de un reflejo espinal
activado por un estímulo, a menudo
localizado, pero no necesariamente, en el
área genital. Esto se interpreta en el
cerebro y es moderado por las emociones. La
respuesta sexual puede describirse como un
circuito eléctrico que puede empezar en
cualquier parte de la mente, el cuerpo, o la
afectividad, pero que debe implicar a estas
tres áreas para ser plenamente
satisfactoria.
El primer
problema ocurre cuando el estímulo produce
una respuesta paradójica o dolorosa. El
dolor puede cancelar automáticamente
cualquier posibilidad de respuesta. Esto
puede ocurrir, en el caso de la mujer, si
coexisten problemas en el clítoris, y en el
caso del hombre, si el estímulo del pene
tiene una respuesta diferente con la edad
(algo relativamente frecuente).
Otro problema (y
probablemente el más importante) ocurre en
el terreno emocional, si un paciente puede
verse presionado por el miedo al fracaso, la
ansiedad, o la presión para culminar el acto
sexual. Otras emociones negativas incluyen
conflictos irresolutos en cualquier área de
vida, resentimientos no asimilados y las
reacciones de duelo propias de la pérdida de
un ser querido.
Igualmente,
puede ser perjudicial el hecho de que la
mente esté demasiado ocupada para que el
individuo esté relajado y despierto. Un
ejemplo de esto, común en los hombres con el
trastorno eréctil, es el de convertirse de
"espectador" de uno mismo, es decir, cuando
la mente se enfoca en observar la actuación
del pene, y esta fijación lleva a la
exclusión de casi todo lo demás.