Compartir un
matrimonio cuando hay gustos opuestos tiene
sus ventajas:
La libertad es mayor
porque se tienen parcelas que el otro no
comparte. Se organiza un equilibrio
psicológico más seguro porque se tienen más
tareas en las que poner la energía.
Entre los inconvenientes se encuentran:
La opresión que se siente
si se tienen que abandonar los gustos
propios por los del otro.
La culpa de los sentimientos
agresivos que se
pueden tener contra la pareja si no somos
capaces de defender nuestros gustos.