Algunas
situaciones se resuelven fácilmente, pero
otras suelen provocar serios conflictos,
especialmente cuando cada una de las partes
trata de obtener la mayor ganancia personal,
y cuando no existen reglas claras para
resolver los problemas.
El Equilibrio
La pareja ideal
es aquella en la cual el poder es
igualitario. Toda decisión es consensuada
con el acuerdo de los dos. Sin embargo, como
todos sabemos entre lo ideal y la realidad
hay una gran distancia.
Según muchos investigadores, el matrimonio
igualitario es una meta deseable, pero
todavía un mito. Si bien, bajo algunas
condiciones la mujer puede ganar poder
individual, eso no equivale a un poder
igualitario, ya que las actitudes culturales
favorecen el dominio del hombre en muchos
aspectos. Curiosamente, aunque no exista
equilibro perfecto, se genera menos
conflicto cuando el hombre manda más, que
cuando la mujer manda más. El problema del
poder es uno de los temas básicos en la
terapia de pareja, y puede ser superado
mediante un entrenamiento que tiene como
objetivo lograr una relación de poder
igualitaria. Por educación y costumbres
culturales, muchos hombres no pueden
soportar que una mujer sea libre e
independiente para tomar decisiones. Por
eso, si ella es proclive a tener actitudes
dominantes, pueden producirse choques.
Quién
lleva los pantalones?
Cada vez que hay
una disputa, los poderes de la pareja se
ponen en juego. Si el que cede es siempre el
mismo, el otro gana el combate y asume el
rol de dominador. Sin embargo, no todo lo
que brilla es oro dentro de las relaciones
de pareja. Es común ver a hombres de fuerte
personalidad en el trabajo o con sus
amistades, que luego en la intimidad suelen
retroceder ante las sutilizas de su mujer.
Por lo general, cuando una mujer va
decididamente al choque, puede perder o, tal
vez, se desate un conflicto mayor. Sin
embargo, cuando ellas se muestran firmes,
pero tranquilas, la ventaja es monumental.
Lo ideal para que las cosas funcionen es que
se lleguen a acuerdos claros sobre la toma
de decisiones. Por ejemplo, el marido o la
mujer pueden tener autoridad en algunas
áreas; en otras las determinaciones se
tomarán en conjunto; y existirán aspectos en
los cuales cada uno decidirá por cuenta
propia. Cuando esto se logra, la frecuencia
e intensidad de los conflictos disminuyen en
forma notable.