Después de
contarle la estúpida discusión que acababa
de tener, comenzó a pensar que el tema no
era para tanto y que había algo de lo que no
hablaban que probablemente estaba provocando
esa pelea.
En efecto, no hablaban de sexo. Ese día, en
la oficina, una compañera había contado lo
bien que se lo pasaba con su pareja. Elisa,
muy al contrario, llevaba una temporada que
le parecía que algo les estaba pasando en
ese terreno, pero ninguno de los dos se
atrevía a plantearlo. ¿Discutían para
descargar la tensión interna de creerse poco
deseado por el otro?
Esto es habitual, pero a veces sirve para
sacar a la luz aquello que se calla. Tenemos
capacidad para herir al otro, pero en
ninguna parte se hace tanto como en las
familias. Un mayor grado de intimidad
también produce un mayor grado de
vulnerabilidad.