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Ahora, ese fármaco
está en fase final de estudio en forma de
parches transdérmicos con 300 g de testosterona
cada uno y que se cambian dos veces por semana.
Desarrollados por Procter & Gamble
Pharmaceuticals y Watson Pharmaceuticals, los
parches liberan gradualmente dosis muy bajas de
la hormona, lo que mantiene niveles estables de
la misma y reduce los efectos secundarios (acné,
vello corporal, tasas bajas de colesterol bueno
y tasas más altas del malo...) asociados a otros
sistemas de administración como las inyecciones.
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En el primer
estudio científico a gran escala que se ha
realizado al respecto, los citados parches
han probado que aumentan en más de un 50 por
ciento tanto la actividad sexual, como el
deseo sexual en mujeres con menopausia
quirúrgica. Además, el estudio ha revelado
mejoras en otros planos: excitación,
orgasmo, placer, respuesta e, incluso,
autoestima y niveles de ansiedad. Al
contrario que con las altas dosis de
testosterona, los parches apenas produjeron
efectos secundarios y, de éstos, el 90 por
ciento fueron calificados de débiles.
Como explica la Dra. Laura Berman, directora
del Centro de Medicina Sexual Femenina en la
Universidad de California en Los Ángeles
(UCLA), cuando los niveles de testosterona
caen, el hombre tiene problemas de erección
y de deseo sexual. Cuando los niveles en la
mujer disminuyen, también ellas ven decrecer
su interés en el sexo. Restaura el
equilibrio, y es muy probable que esos
problemas desaparezcan totalmente. Lo que
hay que vigilar en este tratamiento es la
dosis. Si es la adecuada, los efectos
secundarios son mínimos y los beneficios,
múltiples. Y es que, como comprueban muchos
ginecólogos en sus consultas, los
suplementos de la hormona pueden ayudar a
mantener la masa ósea y muscular; mejorar la
sensación de bienestar; aumentar los niveles
de energía y reducir el riesgo de depresión.
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