Si discutimos es
porque nos queremos, pero no nos
comprendemos; porque nos necesitamos, pero
no nos respetamos. Es porque en las
relaciones afectivas, además del amor,
también hay rivalidad, rabia,
intolerancia... Por lo general, es el miedo
a no ser amados lo que nos lleva a discutir;
lo hacemos porque necesitamos que nos
escuchen.
Pero cuando una pareja discute aún queda
amor entre ellos. Con la indiferencia, el
intercambio de ideas se torna imposible. En
la familia se aprende a discutir, lo que
sería saludable si se tratara de defender
ideas diferentes sin enfadarse. Para que sea
un ejercicio constructivo habrá que respetar
las diferencias.