Antes se ponía
furiosa cuando se olvidaba de su
aniversario, cuando no colaboraba en las
tareas domésticas o cuando lo veía pasar
horas frente al televisor, yendo de un canal
a otro sin quedarse en ninguno. Ahora le
empezaba a dar lo mismo.
En realidad estaba deseando que se fuera de
casa y la dejara sola. Desde hace algún
tiempo, Dolores no hace más que fantasear
sobre la posibilidad de llevar otra vida.
Casi añoraba la irritación que le producía
que se dejara todos los frascos abiertos,
que no limpiara el lavabo después de usarlo,
que dejara tazas de café por todas partes.
Aquellos enfados revelaban que, por lo
menos, había un rastro de afecto. Ahora no
había nada, excepto resignación y cansancio.
Es cierto que se casó tan enamorada que
creyó que su amor no corría ningún peligro,
pero él la había decepcionado.