Una buena pareja
no tiene secretos, sostiene la sabiduría
popular. Pero una chica lista sabe que a
veces es mejor no seguir ciegamente ese
consejo. Seamos honestas. No le contás
absolutamente todo a tu hombre, ¿no? ¿O le
decís que te preocupan sus signos de futura
calvicie, que no te bancás a su mamá, que a
veces fingís un orgasmo?
Bueno,
supongamos que te asfixia la culpa por un
secreto oscuro, profundamente guardado...
porque le fuiste infiel. ¿Te inclinás por
contarle? ¿Deberías? "Sólo si queres que tu
matrimonio se termine", advierte Graciela*,
de 40 años, cuyo marido le exigió el
divorcio cuando encontró en un abrigo de
ella una carta erótica que le había mandado
su amante. Graciela jura que no dejó el
abrigo con la terrible evidencia en un
sillón del living porque deseara ser
descubierta, pero su terapeuta piensa lo
contrario. "Si hubiera podido controlar cómo
y cuándo darle la noticia -insiste- hubiera
preferido hacerlo en público, tal vez
delante de algún amigo o de mi hermana, así
él no hubiera podido hacer una escena ".
Según algunos
consejeros de familia, muchas parejas vuelan
por los aires no por el descubrimiento de un
affaire sino por ocultarlo Su teoría es: si
se mantiene en secreto tan affaire, se
traiciona la intimidad de la pareja, y nadie
puede recomponerla. El matrimonio tiende a
derretirse por dentro y, luego de otros
affaires, finalmente se desmorona.
No obstante, un
dilema tan complicado como contar o no
contar no puede resolverse con tan simple sí
o no. Cuando una ha sido infiel, la primera
pregunta que debe hacerse -insisten los
expertos- es qué espera lograr con la
confesión?
Alejandra, de 31
años, siente que dañó irreparablemente su
matrimonio al revelarle a su esposo, en un
impulso, que una noche se había acostado con
otro. El estaba fuera del país por un
negocio cuando ella se encontró con Enrique
-un ex compañero de facultad, que en su
momento le había resultado muy atractivo- y
se fueron a tomar algo. Los tragos se
prolongaron en una cena y la cena en un
tórrido encuentro en el departamento de
Enrique. Seis meses más tarde, Alejandra y
su marido festejaban su quinto aniversario
en un restaurante súper elegante. Brindaron
con champagne y comenzaron a hablar de
viejos amigos a los que hacía tiempo no
veían. De pronto, le solté la historia de
cómo me había encontrado con este ex
compañero de la facultad y córno había
terminado en la cama con él. "Guillermo se
volvió loco".
Aunque le juró que desde esa vez nunca había
vuelto a ver o a hablar con Enrique, y que
no tenía la menor intención, el resto del
festejo se ahogó en lágrimas y bronca. A la
mañana siguiente todo estaba más o menos en
calma otra vez, y nunca se volvió a hablar
del asunto. Pero algo había cambiado para
siempre. "Tengo la impresión de que
Guillermo no confía en mi y todo el tiempo
parece estar esperando que lo engañe. Cometi
un error que nunca voy a poder corregir. No
me refiero a haberme acostado con Enrique,
sino a haberle contado a Guillermo",
Considera Alejandra.
¿Culpa?
¿Pero que rompiste?
Las mujeres
tenemos affaires por distintas razones:
porque nos sentimos atrapadas en un
matrimonio infeliz, porque nos enamoramos
desesperadamente de un hombre que no es
nuestra pareja y todos los grises
interrnedios. Menos dramáticas e importantes
son esas relaciones efímeras que nos
distraen de nuestros problemas personales.
Si acabás de tener un bebé, si tu carrera
está estancada, si te sentís aburrida ,
inquieta o insegura, es humano desear un
poco de pasión, algo que sacuda la rutina...
pero no que implique un divorcio. A veces
sucede que el otro hombre no te atrae
perdidamente, pero sentis que él te desea es
justamente el único que necesitas. No te
extrañes si, luego de unos meses, empezás a
perder interés y sentís renovado amor -y
hasta deseo- por tu pareja. Para entonces,
el affaire ya causa más problemas que otra
cosa. Lo cortás, y la vida sigue. Te sentís
mucho mejor, tanto que comenzás a pensar si
no deberías confesarle a tu pareja ese
secretito...
Antes de abrir
la boca, analiza con mucho cuidado qué te
impulsa a hablar, aconseja la psicóloga
Catalina Comito. "Confesar no es una buena
idea -advierte-, sobre todo si el romance
duró muy poco o pasó hace mucho". Esa
confesión sólo serviría para aliviar tu
conciencia de la manera más fácil -sin
pensar en lo que haces y sus consecuencias,
sin evaluar por qué hiciste lo que hiciste y
cuál es el mejor camino a tomar-, mientras
que tu pareja deberá quedarse con ese dolor
para siempre, y Ahí sí que empiezan los
verdaderos problemas. ¿Vale la pena que él
se sienta traicionado por un acto que no
cometiste cormo traición contra él? Vale la
pena que tu relación estable se resquebraje
por una relación pasajera cuya existencia no
afectó a tu pareja? ¿Vale la pena poner a
prueba la tolerancia del otro por un evento
que no lo involucra?
Detente a pensar
el asunto como si le hubiera pasado a otra:
una chica comprometida tiene una aventura
extramatrimonial; antes, durante y después
del affaire, su relación con el novio o
marido sigue su curso independiente. ¿Qué
hiciste de malo? crimen de lesa humanidad
cometiste? ¿Cuantas bajas hubo? Sentir culpa
por un daño que no cometiste carece de
sentido. Porque -sabélo- tu cuerpo es tuyo y
lo que hagas con él al ser infiel no puede
herir el honor de tu pareja. Estamos en el
siglo XX y el matrimonio ya no es una cárcel
que convierte a la mujer en propiedad del
hombre.
Inés, una
licenciada en marketing que trabaja para un
laboratorio, se había sentido atraída por su
jefe, Miguel, durante mucho tiempo. Ambos
estaban felizmente casados y, por lo tanto,
solían flirtear con impunidad, sólo para
divertirse. "Nos sentiamos seguros explica
Inés. Ninguno de los dos estaba en busca de
un amor; ni siquiera de un asuntillo" . Pero
el laboratorio los envió a una conferencia
sobre las políticas de marketing de las
distintas sucursales, en Londres, sin sus
parejas y entre reuniones, cócteles, cenas
elegantes y hoteles caros. La tercera tarde,
después de demasiados whiskies, Inés y
Miguel sucumbieron a la tentación.
Aunque el sexo estuvo fantástico, ambos
acordaron que no volvería a suceder.
Volvieron a casa sin rencores, broncas ni
tensiones entre ellos, sólo con culpa. Mucha
culpa. Tanta que decidieron preguntarle a un
psicólogo si debían confesarlos a sus
parejas que habían tenido un affaire. "El
terapeuta nos preguntó por qué queríamos
contarlo. Probablemente confesar sólo haría
que nuestros matrimonios estallaran, cosa
que ningruno de los dos quería", cuenta
Inés. "Claramente nuestro affaire habia
terminado. Ninguno de los dos queria nada
del otro".
Confesar
puede ser peligroso
Un Affaire suele
ser un intento disfuncional para estabilizar
el matrimonio y confesarlo puede favorecer
la posibilidad de arreglar los problemas y
forzar cambios positivos. Desde luego,
confesar presenta riesgos. Pero también los
presenta guardar el secreto. La confesión,
es más peligrosa para las mujeres que para
los hombres. "Cuando algo anda mal en una
pareja, las mujeres tienden a echarse la
culpa y los hombres son menos capaces de
comprender y perdonar. Además, las mujeres
necesitan del matrimonio mucho más que los
hombres, por razones económicas o de otro
tipo".
Eaker Weil
sugiere no contar -o al menos guardar el
secreto por algún tiempo- en las siguientes
situaciones:
* Si tu novio o esposo está bajo gran estrés
(lo despidieron, lo operaron, perdió a uno
de sus padres);
* Si es "un rencoroso que te va a martirizar
por el resto de tu vida";
* Si puede reaccionar con violencia y abusar
físicamente de vos;
* Si el affaire fue debut y despedida (como
el de Inés y Miguel) o si sucedió hace mucho
tiempo.
"la honestidad absoluta no es siempre lo
mejor - se lee en Adultery The Forgivable
Sin, pero incluso si no
confesas debes entender por que viviste ese
romance". Si engañaste por amor - si estás
comprometida en una relación
extramatrimonial apasionada, que no tiene
fin a la vista y que parece mas fuerte que
la oficial - resulta bastante improbable que
tu matrimonio o tu noviazgo puedan
sobrevivir.
Por ejemplo,
esta el caso de Maria de 34 años, que hace
dos mantiene una relacion clandestina con
Daniel. Ambos están casados y -lo que hace
que se extrañen más- viven en distintas
ciudades. Hablan por teléfono todos los días
para intercambiar confidencias y fantasear
sobre un futuro en común María cuenta que no
pasa una hora sin que ella piense en Daniel.
Cuando hace el amor con su marido, Julio,
cierra los ojos y trata de imaginar que es
Daniel; luego se da vuelta para ocultar las
lágrimas. "Mi matrimonio ya fue. Julio no
hizo nada malo, pero no puedo seguir en este
estado de perpetua agonía. Me asombra que
Julio no sospeche nada. Tengo que confesarle
lo de Daniel No puedo seguir así", se
angustia Maria.
Nadie puede
garantizarle que Daniel se separe de su
mujer más o menos pronto. "Sé que no está
listo para terminar su matrimonio. Tal vez
nunca lo esté", cree ella. "Pero cualquier
cosa, hasta quedarme sola, es mejor que este
tormento. Siento que mi esposo es un
desconocido y que Daniel es mi alma gemela".
Al confesar, María se arriesga a perder de
una sola vez marido y amante, pero no ve
otra opción.